CARTA DEL DIRECTOR

Iván Juarez


Un urbanismo sostenible

Junto con las medidas que afectan al bolsillo y que, obviamente, tienen su traducción en la calidad de vida de los ciudadanos y determinan su día a día, lo que es en apariencia visible se pone en el centro del debate. Así sucede con todo aquello que tiene que ver con la configuración urbanística de una ciudad, con aquellos cambios y alteraciones que aterran a los nostálgicos pero que, desde otra óptica, no son suficientes para los que gustan de un modelo de ciudad más acorde con los tiempos que siga la evolución de otros enclaves urbanos del entorno que han hecho de su centro histórico un territorio más amable para el peatón casi vetado a la contaminación del tráfico rodado. Es lo que asoma ante nuestros ojos de lo que todo el mundo opina, es el fútbol de la política municipal. En este sentido no era de extrañar que, llegada la campaña electoral, los partidos políticos pusieran el foco en lo que han venido criticando del equipo de Gobierno estos años: las transformaciones que ha experimentado el centro. Un debate que se ha trasladado de las tertulias mediáticas a la calle donde cada vecino de Soria parece un delineante, y está en su derecho ya que es en inversiones de esta índole donde van parte de sus impuestos.
Iniciamos en El Día de Soria hasta la jornada electoral el análisis de los temas más relevantes para la ciudad con la participación de los diferentes partidos que optan, con mayor o menor favoritismo, a la Alcaldía de Soria. El urbanismo y la movilidad se convierten en unos de los asuntos de mayor calado y que más ocupan y preocupan. Cualquier coma que se mueva sobre los espacios comunes está sujeta a crítica, cualquier actuación es arriesgada,  pero una actitud inmovilista por parte de los que dirigen los destinos de una ciudad tampoco debiera ser recompensada. En este sentido, a Carlos Martínez le avala de su gestión su carácter proactivo, aunque nunca llueva a gusto de todos, y puede presumir de haber remozado en su estadía al frente del Consistorio soriano, al menos en la zona centro, una ciudad acorde con la metamorfosis que han experimentado otras equivalentes a Soria, de mayor y menor tamaño. Muchos se muestran agradecidos porque, frente a otros gestores previos, «ha hecho cosas» mientras que otro buen puñado le achacan haberlas hecho «sin orden ni concierto». En este último grupo, la crítica más recurrente, compartida por una amplia parte de la oposición, se centra en el ‘divorcio’ urbanístico entre norte y sur de la ciudad (como si habláramos de una gran urbe), sin una conexión directa a través del tráfico rodado lo que obliga a dar cierto rodeo en una ciudad donde no existen los problemas derivados de esa ‘rush hour’ (hora punta) que sí se sufre en los enclaves con amplio tejido industrial. Nunca me he visto en Soria en mitad de un atasco. 
Algún partido como Vox deslizó en su día la posibilidad de trazar un túnel en Mariano Granados posibilidad a la que ahora renuncian. Pero sí que comparten con otros grupos políticos la necesidad de que el tráfico rodado gane espacio en esa céntrica plaza a costa de desandar el camino que nos acerca a una ciudad del siglo XXI. Se reprocha al equipo de Gobierno las consecuencias que la peatonalización ha tenido para el comercio, un sector siempre va a buscar causas exógenas a su mala marcha, tanto si un potencial cliente puede aparcar en la puerta del establecimiento como si tiene que hacerlo a 200 metros y darse un paseo. Cualquier excusa es buena para echar balones fuera y huir de la necesaria autocrítica. Salvando las diferencias, ciudades como Madrid o Valladolid, tan cerca y tan lejos, han impulsado iniciativas para reducir el tráfico  en sus principales arterias y sus calles siguen atestadas de gente/consumidores. En Soria, atractivos vitales para el turismo como la iglesia de Santo Domingo se hallan en un entorno inhóspito, para nada a la altura del monumento, rodeado de vehículos.
La apuesta por la peatonalización debe ir acompañada de medidas alternativas más allá de una ampliación injustificada de la zona azul a otras áreas alejadas del centro. Potenciar los servicios de transporte público o trazar un carril bici coherente a través del entramado urbano en lugar del trampantojo en que se convierte en determinadas zonas son parte de las soluciones. También se hace necesario,  es una demanda generalizada y recurrente, mirar más allá del centro histórico y atender las necesidades de los moradores de los diferentes barrios, unos más descuidados que otros y al tiempo, fortalecer los lazos con las pedanías, mitad barrios mitad pueblos. En esta campaña electoral se va a poner sobre la mesa el modelo de ciudad que plantean los diferentes partidos políticos, una materia abonada a propuestas de corte populista y promesas de diversa índole que difícilmente se van a convertir en una realidad. Esperemos medidas realista (en nuestras páginas ya pueden leer hoy mismo algún disparate electoral) que profundicen en el tránsito hacia una ciudad moderna alejada de la Soria en blanco y negro, como el humo de los coches, que tanto añoran los nostálgicos.