Nacidos en 1978, la quinta de la Constitución

Ana I. Pérez Marina
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Nacidos en 1978, la quinta de la Constitución - Foto: [[[[[[[Eugenio Gutierrez Martinez.; Eugenio Gutié

En este 2018 han cumplido 40 años y ponen en valor lo que para la democracia española representa el texto constitucional con el que han convivido desde que nacieron. Defienden un amplio consenso para proceder a su actualización

En el año 1978 vinieron al mundo 1.157 niños en la provincia de Soria, según el Instituto Nacional de Estadística (INE) y la tasa bruta de natalidad se situaba en 10,99 nacidos por cada 1.000 habitantes. Nayra, Charo, Rubén y Rosa son los hijos de la Constitución, nacieron hace cuarenta años. Nayra y Charo recuerdan que cuando cumplieron 25 años, el Gobierno les envió un ejemplar en miniatura de la Carta Magna, un gesto que reconocen que les hizo «mucha ilusión». Coinciden además, como lo hacen Rubén y Rosa, en que en aquel momento no se cuestionaba la validez del texto constitucional o, para ser más precisos, no estaba en el debate político y social la «necesidad» de su actualización. 
«Fue un cambio importante para la historia de nuestro país. Gracias a la Constitución hemos mejorado en estos cuarenta años. Hubo unos años en los que no se hablaba de la Constitución, estaba ahí, y ahora se ve que está anticuada en  algunos puntos y hay que renovarla», reflexiona Nayra.
Charo coincide en este argumento y también cree que las generaciones posteriores no conceden «el mismo valor» a la Constitución, quizás porque sus progenitores, al ser más jóvenes, no han tenido la necesidad de incidir en la relevancia de contar con el documento constitucional en el que se sustenta la democracia.
«Es obvio que hay que modificarla, pero con las cosas muy claras, porque son las reglas que tenemos todos, para lo bueno y para lo malo», matiza Rubén.
Para ello es requisito imprescindible un «amplio consenso», tal y como destaca Rosa, que la Constitución no sea objeto de los vaivenes políticos que vienen determinados por los cambios de gobierno.
¿Y será posible? Contestan al unísono que no. No por la imposibilidad en sí misma, si no porque el arco político no está por labor de incluir en su lenguaje y en sus acciones términos como ceder, acuerdo o interés general, esos mimbres a los que sí que acoplaron los que fueron bautizados como padres de la Constitución. «Antes el objetivo común era crear un marco de convivencia y ahora cada uno va a lo suyo», estima Rosa.
la moda de los artículos. Si hay que dar el número de un artículo no hay resquicio para la duda: el 155. El desafío secesionista catalán que marca la agenda política en los últimos tiempos lo ha puesto de moda. Dice el artículo 155.1. que «si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general» y el 155.2., «para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades autónomas».
La actualidad manda y más cuando se trata de cuestiones territoriales y con tintes patrióticos, y ya queda lejos la reforma constitucional de 2011, cuando PSOE y PP sí alcanzaron un acuerdo para modificar el artículo 135 (título VII, Economía y Hacienda) para establecer el concepto de estabilidad presupuestaria y que el pago de la deuda pública sea lo primero frente a cualquier otro gasto del Estado en los presupuestos generales.
«Al final se habla mucho del artículo 155 y no se habla de otros más importantes. Ante la ley todos somos iguales, la justicia debe ser igual para todos, la vivienda digna... ahí está todo en la Constitución y, desgraciadamente, no se cumple», apunta Rosa.
Rubén también se refiere al artículo 1, al que leyó la princesa Leonor en su primera intervención pública, el referido al estado social y democrático de derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico «la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político», así como a la soberanía nacional y la forma política del Estado español que es la monarquía parlamentaria. «Me encantó oírlo de la futura reina, porque da fuerza, piensas que la Constitución está ahí y va a estar aunque la quieran tumbar», opina.
cumpleaños. Están «encantados» de haber cumplido 40 años, de formar parte de la quinta de la Constitución, de la que votaron sus padres y abuelos, de haber crecido a la par que la democracia del país, en sus primeros años más convulsos y complejos para la política y la sociedad en general, en el ecuador más pacífico de este periodo y deseosos de poder participar activamente en caso de que, en algún momento, se dé el paso firme de una actualización de la Carta Magna.
«La Constitución nos iguala, nos da las herramientas para modificar la legislación y el gobierno del país. Tenemos derecho a una vivienda digna, a la educación, a la sanidad... somos iguales hombres y mujeres, ricos y pobres... Es importante que la Constitución no sea una cosa muerta y que con un amplio consenso pueda cambiarse», incide Rosa.
Los coetáneos de la Constitución del 78 confían en protagonizar con su voto en los próximos años la renovación de la Carta Magna... y así convertirse, de alguna forma, en ‘padres’ de la Constitución que marcará el futuro de próximas generaciones, incluida la de sus hijos.