SIN RED

Loli Escribano

Periodista


Apariciones

Me encanta la gente diferente. La gente atrevida. La gente valiente. La que no se oculta y se muestra tal cual es. No es tan fácil encontrar este tipo de personas.  De hecho, las hay con cuentagotas. Vivimos en una sociedad de la apariencia o del «postureo» como se dice ahora. Muchas personas viven para sentirse aceptados o, lo que es peor, para no sentirse rechazados y en vez de comportarse como verdaderamente son, se esconden en lo socialmente bien visto.
Yo no conocí personalmente a Pitita Ridruejo, fallecida hace unos días, pero me encanta ese tipo de mujer que vive como es.  Sin importarle un pimiento lo que opinen de ella. A pesar de su imagen aparentemente frívola, con su pelo cardado, inmersa en una gran actividad social, muy vinculada al mundo de la moda; sorprendió en los 80 con sus apariciones marianas. Hay que ser muy valiente para decirle al mundo entero y escribir un libro en el que reconoces que se te aparece la Virgen. Eso fue hace más de 30 años y desde luego los españoles hemos cambiado en estas tres décadas; pero aún hoy, lo habitual es que cuando se hacen esta clase de confesiones se produzcan dos tipos de reacciones: o bien te llaman loca o bien se burlan de ti. 
Ahora, aunque vivimos una época de libertades absolutas en la que repetimos, muchos sin creerlo, yo respeto todo; no es cierto. Sigue habiendo ciertas reticencias a ciertas creencias, experiencias, vivencias y sobre todo a las personas que se atreven a ser auténticas. Yo misma he compartido conversaciones con amistades y hemos concluido con la frase: «esto que no salga de aquí que nos toman por locos, no nos entienden». No tienen que entendernos, ni compartir lo que hacemos, pensamos o decimos; solo tienen que respetarlo. Es fácil. Muy fácil. Las personas que tenemos una sensibilidad diferente o intuición o una manera de entender la vida que no se ajusta a lo racional y socialmente bien visto, tenemos dos opciones: o hacer de nuestra capa un sayo o cuidar nuestras palabras. 
Yo soy de las que se hacen un sayo. Intento pensar, hablar y hacer de manera alineada. Pero reconozco que, a veces, en el sayo se me hace algún jirón al tropezar con personas que no han llegado a ese nivel de respeto que se necesita para poder convivir en sociedad. Prefiero a una Pitita a la que se le aparece la Virgen que a todos los que se burlan o juzgan esas confesiones. Yo intento ser yo misma, aunque a mí no se me ha aparecido ni la Virgen ni tampoco nuestro Señor, pero como en la película, en ocasiones veo muertos (metafóricos y más en plena campaña electoral). Aún soy joven y me queda mucha vida; vete tú a saber lo que se me aparecerá en el futuro. 


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