Reabre el museo de la resina de Quintanas

Sandra de Pablo
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Reabre el museo de la resina de Quintanas

Durante seis meses al año los visitantes podrán recorrer las salas que rinden homenaje a una época en el que la actividad resinera era un modo de vida en la localidad

Quintanas de Gormaz reabre su Museo de la Resina, enclavado en el espectacular edificio de las antiguas escuelas. Durante los próximos seis meses, de miércoles a domingo y en horario de mañana y de tarde, los visitantes podrán conocer cómo era la vida con la resina como elemento fundamental que sostenía la economía de la zona.
Lo que en su día fue la residencia de los maestros, la segunda planta del edificio de las escuelas, alberga hoy un homenaje al oficio de los resineros. El museo hace un repaso de cómo era en un pasado, como es hoy y qué se espera para el futuro de la riqueza que proporciona el mundo de la resina. No faltan los usos para lo que puede servir este producto natural que son muchos como la industria química, la farmacéutica, la protección de los circuitos integrados y muchos otros. La resina o miera está en productos tan comunes como las ceras depilatorias de uso en frío, es un aditivo del hormigón para la construcción en alta montaña, está en los chicles, en las etiquetas adhesivas, en los cartonajes y en un sinfín de productos.
Recuerda el museo que las materias primas obtenidas de los pinares constituyen una inmensa riqueza natural y son un claro ejemplo de la economía sostenible hoy tan de moda. 
Quintanas de Gormaz, al igual que otros pueblos de su entorno, ha sido durante décadas un municipio resinero, hoy esa actividad está prácticamente extinguida de la vida cotidiana del pueblo. La población cuenta con tres montes que se resinaban tradicionalmente: Pinar de Fuenterrey, El Bosque y Hoyo Redondo y La Revilla. En conjunto suponen unos 80.000 pinos que resinaban cada año, esto se traduce en una producción media de 280.000 kilos de miera por temporada.
A pesar de que el oficio de resinero se está recuperando en la zona, las cifras están muy lejos de las de los años setenta, los conocidos en el pueblo como los años dorados de la resinación. Entonces los ingresos del ayuntamiento por la subasta de la resina eran 8 veces más altos que los que daba la subasta de la madera. En aquel tiempo España llegó a tener 80 fábricas que destilaban más de 56.000 toneladas de mira al año, eran años en los que en Quintanas de Gormaz 20 familias vivían del sudor de los pinares.
La humanidad descubrió las múltiples posibilidades de la resina hace miles de años, desde entonces los procesos para la extracción han sufrido muchos cambios. La forma de obtener la resina era muy sencilla: se rajaba el pino y se recogía la miera al pie, después llegaron los métodos industriales. El primer método de extracción de miera cuasi industrial se introdujo en España en 1862, se conocía con el nombre de su creador, el Método de Hugues. En el museo explican esta forma de extraer la resina contando que durante el invierno el pino descansa, después hay que quitar la pizorra, se marca la anchura de la pica para toda la temporada, se clava la chapa y se coloca el pote. Después comentaría la extracción con las picas que son estrechas rajas horizontales que se impregnan de ácido de forma repetida más o menos cada semana.  Así a las cuatro semanas el pote está lleno, se vacía en un bidón y se vuelve a colocar en su sitio, en la última pica no se añade ácido ara facilitar la cicatrización. Una vez finalizado el proceso se arranca la miera adherida a la madera conocida como barrasco y se deja descansar al pino. El proceso se repetía cada año, hasta sumar 25 ó 30. Para ilustrar estos usos, el museo cuenta con un pino en el que una cartela de madera narra la historia de cada extracción de miera desde 1968.
Cuentan en el museo que muchos resineros se resistían a utilizar este método de resinación al asegurar que era menos productivo y que en muchos montes fue la propia Guardia Civil quien obligó a usarlo ante la resistencia al cambio. Éste método daba una mayor producción y una miera de mejor calidad pero era más trabajoso y más difícil de aprender frente al tradicional en el que la madera casi no sufría daños. 
La media de producción de miera por árbol se sitúa entre 3,5 y 4 kilos por temporada de 9 meses, cada resinero solía trabajar por temporada unos 5.000 árboles, tamaño medio de la mata que cada uno tenía asignada, la producción se elevaba  a unos 15.000 kilos por familia resinera. El declive del oficio llegó en los años 70 cuando los gastos de extracción subían, la reglamentación laboral era obsoleta y las fábricas comenzaron a importar una miera más barata que hoy alcanza el 90 por ciento del total. Hoy la resina revive su gloria en este museo de la antiguas escuelas en Quintanas de Gormaz.