CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Iceta presidente

No es mala idea proponer a Miquel Iceta para presidente del Senado. Su vena frívola, que la tiene y provoca tantas simpatías como críticas, oculta a veces que es un político de larga trayectoria y experiencia, con enorme capacidad de negociación, que sabe qué peones tocar para alcanzar determinados objetivos y que a pesar de que ha hecho declaraciones que chirrían, es un hombre inequívocamente anti independentista, que respeta las leyes y por tanto la Constitución. Las propuestas que han provocado más polémica son siempre dentro de la legalidad.

Propone reformas constitucionales para dar salida a una situación en Cataluña cada vez más enconada, y defiende además que los artículos a reformar sean consensuados entre todos los partidos. La prueba de que se trata de un político atípico es que le llegan críticas de un lado y de otro, pero también es capaz de hablar con los del primer lado y con los del segundo, con los independentistas y con los que defienden la españolidad de Cataluña. Ejemplo de que es contrario a cualquier fórmula ilegal es que una de sus declaraciones más polémicas fue defender el indulto para los dirigentes independentistas si son condenados por el Tribunal Supremo. Pronunciar la palabra indulto hiere profundamente la sensibilidad de millones de españoles, pero Iceta no se apartaba de lo que permiten las leyes, ya que el Gobierno tiene la facultad de indultar a los condenados si lo piden y se dan determinadas circunstancias.

Iceta puede por tanto convencer más o menos, pero no se equivoca Sánchez al pensar en él para presidir una Cámara territorial que está muy lejos de ser efectivamente una Cámara territorial. Lo han intentado los presidentes anteriores, sin éxito, pero a lo mejor lo tiene un Iceta que es catalán, que conoce la política catalana en profundidad, pero conoce también los problemas territoriales del resto de España. Los de financiación y los de las competencias transferidas, los de la educación a los de la abultada cuenta sanitaria.

El error de Sánchez, una vez más error de principiante, ha sido sacar pecho de su éxito del pasado 28 de abril y su mayoría en el Senado para anunciar a través de sus mensajeros habituales que Iceta será el presidente del Senado. No tuvo la prudencia de esperar a que fuera elegido senador, lo que ha provocado que ERC ya ha advertido que pondrá precio a su apoyo, precio que todo el mundo puede imaginar. Si ERC no hubiera sabido cual era el destino de Iceta, con toda seguridad habría votado en el Parlamento catalán que accediera al Senado, pues lo habitual es que los parlamentos regionales respalden unánimemente a los candidatos que presentan los partidos para ocupar los llamados escaños autonómicos.

Una vez más Pedro Sánchez ha demostrado que él, o su equipo, tienen buenas ideas… pero fallan estrepitosamente en la forma de promoverlas. Algunas se quedan a mitad de camino.