DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Políticos y funcionarios

La profesionalización salarial del procurador regional, objetivo que el presidente de las Cortes de Castilla y León, Luis Fuentes, ha lanzado como propuesta y no como prioridad, ha suscitado una inusitada controversia. El calificativo de profesional se atribuye generalmente a la persona experta en un determinado oficio. En consecuencia, esta consideración convertiría en expertos legisladores a sus señorías procuradores, procedentes de formaciones académicas diversas o autodidactas de la política.
El debate, abordado en esta columna la pasada semana, parece haber sido amortiguado por la sucesión vertiginosa de los acontecimientos políticos, pero en absoluto es un asunto olvidado, como más de uno quisiera. El parroquiano poco versado lo primero que se pregunta estos días apoyado en la barra del bar es para qué sirve un procurador regional. Cerveza en mano, el que se cree más enterado informa que para hacer las leyes. Y es en este punto en el que surge la voz de alguien que se identifica como funcionario, con plaza en la Delegación de la Junta en León, aunque bien pudiera ser de cualquier otro lugar de las nueve provincias. No oculta su cabreo. Afirma que durante estos años de crisis la Junta de Castilla y León ha destruido quince mil empleos en la Administración pública, lo que significa que los que quedan han de resolver mayor cargo de trabajo y que muchos expedientes duermen el sueño de la injusticia. «Tenemos expedientes desde hace cuatro años pendientes de resolución, no hay funcionarios suficientes para elaborar los informes preceptivos. Y cuando prosperan, tampoco hay tiempo para realizar el seguimiento adecuado que requieren». El mismo funcionario añade un agravante más: «Como se deben aburrir, se dedican a hacer leyes como si fueran churros. Ni siquiera tenemos tiempo para estudiar las nuevas normas que recoge cada día el Boletín Oficial». La tertulia sube en decibelios. Alguien cuenta su reciente estancia en la sala de Urgencias del Hospital durante nueve horas sin que nadie le aliviara un intenso dolor. La doctora que le atendió finalmente, le pidió disculpas. La buena voluntad de los funcionarios, no de todos, suplanta las carencias del sistema. Nadie expresó confianza de cambio.


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