COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Sin tremendismo

La fragata Méndez Núñez se dirige hacia la India para que sus 215 tripulantes puedan votar en las elecciones europeas, autonómicas y municipales, después de haber abandonado a las puertas del Estrecho de Ormuz, que da acceso al Golfo Pérsico, al grupo de combate naval estadounidense encabezado por el portaviones USS Abraham Lincoln en el que estaba integrada, en una misión de carácter conmemorativo del quinto centenario de la primera vuelta al mundo, y también militar para poner a punto la coordinación entra las marinas de dos países miembros de la OTAN.

La decisión de Estados Unidos de convertir esa flota en “un mensaje claro e inequívoco a Irán” con el que ha tensado las relaciones tras haberse salido en 2015 del acuerdo multinacional sobre la investigación nuclear del país de Oriente Medio, junto con la escalada verbal de amenazas de Donald Trump y los preparativos de operaciones por parte del Pentágono que pueden acabar en una intervención militar, hacen que la decisión del gobierno español sea una medida acertada, por cuanto su presencia en esa flota tenía un carácter que se ha roto por una decisión unilateral de Estados Unidos.

Desde la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa y la decisión de retirar las tropas españolas de la guerra de Irak la doctrina española para intervenir en operaciones militares en el exterior han de contar con el beneplácito de organizaciones multinacionales como la ONU o la Unión Europea y ser autorizadas por el Congreso, y en ningún caso obedecer a los intereses unilaterales de un país, como es este asunto, dado que la UE trata por todos los medios de que Irán mantenga sus compromisos sobre el desarrollo de armas atómicas y trabaja contra el impacto de las sanciones que Estados Unidos pretende imponer a las empresa que comercien con Irán.  

La decisión del Gobierno de Pedro Sánchez, está en línea con la actuación de los socios europeos que ven como la decisiones unilaterales de Donald Trump están truncando las columnas de un orden internacional y de unos acuerdos que tardaron mucho tiempo en fraguarse y que contribuyeron a rebajar la tensión en esa zona del mundo. El American first puede venirle muy bien a sus intereses políticos y económicos pero son un desastre y un agravio hacia sus socios, a los que desprecia o presiona si no le siguen la corriente.

El Ejecutivo es consciente de que la retirada de la fragata puede tener consecuencias comerciales por cuanto está pendiente un encargo de construcción de fragatas para EEUU en el que compite Navantia y un socio local. Pero por encima de ellas está el compromiso con las leyes y los ciudadanos españoles, que mayoritariamente se expresaron en su día en contra de la participación española en la solución bélica de conflictos sin el aval mencionado. La decisión de Zapatero también produjo quebrantos pero no tantos como para colapsar una relación que continuó siendo fluida en términos económicos, y acabó reconstruida en términos políticos, por lo que habría que hacer caso al ministro de Exteriores en funciones Josep Borrell cuando pide que no se tome “a la tremenda” la decisión adoptada. Su compañera de Gabinete, Margarita Robles ha tratado de rebajarla a una cuestión técnica. Aunque lo sea, se trata de una medida política de primera magnitud en cumplimiento de la ley.