Un mercado sin fronteras

Carlos Cuesta (SPC)
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Las grandes potencias apuestan por mejorar la competitividad internacional de sus compañías mediante acuerdos comerciales globales que favorecen un mayor desarrollo, la creación de riqueza y un empleo de más calidad

Un mercado sin fronteras

El libre comercio es uno de los principales factores que ha propiciado el desarrollo de la economía y que más bienestar ha otorgado a la sociedad moderna. Una acción tan básica como comercializar bienes o servicios sin barreras ni aranceles entre diferentes países parece algo sencillo y, sin embargo, los principales Gobiernos han tratado siempre de controlar todo tipo de transacciones con medidas proteccionistas, imponiendo tasas que encarecían el comercio entre diferentes potencias.
Las tendencias liberales, después de la Segunda Guerra Mundial, dieron origen a importantes acuerdos comerciales. Así surgió, por ejemplo, la Unión Europea (UE), una entidad geopolítica formada por 28 países; el Mercado Común del Sur (Mercosur) instituido por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay; el Acuerdo de libre comercio norteamericano (Alena) que comprende a Estados Unidos, Canadá y México; la asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean) entre los estados de Brunei, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Singapur, Tailandia y Vietnam.
Recientemente, en septiembre de 2017, se firmó el Acuerdo Económico y Comercial Global (AECG) entre la UE y Canadá, denominado también como el acuerdo Ceta, y el pasado diciembre el Parlamento Europeo aprobó el tratado de libre comercio entre la UE y Japón.
En este sentido, España mantiene excelentes relaciones comerciales con Hispanoamérica con convenios muy ventajosos y lucrativos.
China es la potencia que con más intensidad trabaja para tratar de firmar con la eurozona el plan de la Ruta de la Seda y que, salvo Italia, el resto de países no ven posibilidades de negocio entre ambos mercados.
Las grandes multinacionales han sido el principal motor de las importaciones y exportaciones que se han producido en el plano internacional y las que han abierto las puertas a las pymes con vocación de conquistar nuevos mercados. 
Las industrias de automoción, textil y alimentación fueron pioneras en España y han logrado que, por ejemplo, el país ocupe la octava posición mundial como fabricante de vehículos, lo que ha generado en las últimas décadas un avance sin precedentes para un sector que en 2018 representó el 10% del PIB nacional. O los segmentos de alimentación y bebidas, que el pasado año representaron el 26,9% del total de las empresas exportadoras del país. 
Hace unos años era impensable que España exportara productos gourmet, electrónicos, de medicina, muebles de diseño o artículos de lujo y hoy es uno de los países punteros en este tipo de mercancías y servicios gracias al desarrollo de sectores como el turístico.
Actualmente, tres de cada cuatro grandes compañías españolas suman ya más del 30% de su facturación fuera del país y cerca del 55% de las sociedades de mayor cifra de negocio están presentes en más de 20 naciones, principalmente en Francia y el Reino Unido que constituyen las economías más relevantes para las exportaciones locales. Estados Unidos es el mercado comercial más atractivo de cara a futuras expansiones internacionales.
Las operaciones del exterior se traducen en mayor rentabilidad empresarial con ventas a menores costes y, en consecuencia, una mayor competitividad y eficiencia. 
La financiación juega un papel determinante para abordar las inversiones necesarias con éxito y para consolidar la expansión internacional. Pese al avance logrado en las últimas décadas, sin embargo, la balanza por cuenta corriente aumentó un 75% su déficit hasta febrero y perdió 4.200 millones.
Respecto al empleo, la globalización ha abierto un abanico infinito de posibilidades a los profesionales que en la actualidad trabajan en proyectos con firmas multinacionales en un entorno sin fronteras.
Otra ventaja del libre comercio es la transferencia e intercambio de tecnología y patentes de un país a otro permitiendo que las empresas se actualicen y se pongan a la vanguardia, mejorando así la calidad de sus operaciones y propiciando un mayor crecimiento económico.
El sector que más está progresando en la última década es el comercio electrónico, cuyas ventas online están experimentado los volúmenes de facturación mas elevados y los mayores crecimientos disruptivos de la historia.