Lo que no se enseña en los libros, educar en igualdad

Nuria Zaragoza
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Desde Cruz Roja Juventud realizan talleres de sensibilización de la violencia de género. El curso pasado participaron más de 3.300 jóvenes

Lo que no se enseña en los libros, educar en igualdad

Una mujer camina por la calle mientras escucha algún comentario desagradable, que muchos entienden como piropo... Una mujer está en una discoteca y siente que alguien le toca el culo, pero nadie vio nada... Una mujer está en su puesto de trabajo y su jefe bromea con que la ascenderá cuando acceda a tener relaciones sexuales;ella lo provocó por ir escotada... Una mujer va en el autobús y un hombre se acerca, y se roza. Silencio... La violencia sexual es una pandemia mundial que forma parte de nuestro día a día. Pero muchas veces no la vemos. O no la queremos ver. 
Expertos, legisladores y organizaciones sociales coinciden en que la lucha contra la violencia sexual es una de las grandes asignaturas pendientes en España. Y la base sigue estando, coinciden todos, en la educación. Máxime, cuando cada vez se reduce más la edad de agresor y víctima.
«Educación en igualdad, afectivo sexual… desde muy pequeños. Estamos hablando de comportamientos en los jóvenes que creen que porque una chica esté bailando contigo toda la noche, ya tienes derecho a acostarte con ella; o que si una chica te dice que quiere acostarse contigo, tiene que llegar hasta el final aunque a medias te diga que no. Hay mucho que trabajar todavía con la gente joven», considera la responsable de la Unidad de Violencia contra la Mujer en Soria, Noelia Martínez, quien hace un llamamiento a los medios para que series, publicidad... eviten contenidos machistas. También a influencers, blogueros... el nuevo «espejo de los jóvenes». Porque «todo eso» que consume a diario la juventud «contribuye a condicionar muchos comportamientos». 
educación sexual. Desde Cruz Roja Juventud llevan años trabajando  «la sensibilización y prevención de la violencia de género» a través de sus talleres, que el curso pasado llegaron a 3.331 jóvenes de toda la provincia. 
En tercero de ESO, a través de su taller de prevención de conductas violentas. En cuarto, dentro del taller de prevención de la discriminación. Y en Bachillerato y ciclos formativos, con un taller específico sobre violencia sobre la mujer. Durante dos -tres horas, un técnico de Cruz Roja se desplaza al centro, a su aula, a su entorno, y charla con los jóvenes. Con naturalidad, con «sensibilidad», con respeto, sin juzgar ni «atacar», entre todos van analizando diferentes aspectos que tienen que ver con estereotipos y roles de género, con conductas heredadas, con micromachismos, con actitudes injustas que se viven a diario, con igualdad, con equidad... «Mueves su mundo, lo que han conocido, y puede pasar que reflexionen sobre ello y sean conscientes de que realmente no estamos en un punto igualitario o, también, que se creen una especie de muro y, entonces, sea más complicado», asume la técnica provincial de Cruz Roja Juventud, Nuria Narro.  Generalmente, admite, hay un «clic» en ellos. 
invisible. Los adolescentes tienen perfectamente «interiorizado» que «la violencia no es solo un golpe», pero muchas veces se les ‘escapa’ la base de la pirámide de la violencia , las «violencias invisibles». «Violencias que, si tú no denuncias, si tú no las cuentas, no se ven. Esas violencias son las que ellos ejercen muchas veces y ellas sufren», admite. «Es difícil que venga una chica de 16 años y te diga que su chico le pega, pero si la controla, si le dice con quien sale y con quien no, si le revisas sus redes sociales… esas cosas pasan muchísimo en adolescentes y eso no lo ven como algo peligroso», ejemplifica. Por eso, recalca, es importante que los jóvenes «detecten eso como algo que no es lo natural, para que les salten alarmas». 
La idea de los talleres es, sintetiza, «hacerles ser conscientes de que ellas y ellos pueden cortar eso, aunque no sean ellos o ellas los que lo estén vivenciando en primera persona. Y, sobre todo, que no lo juzguen [...] Igual no entendemos cuando una mujer no es capaz de salir en ese momento y pedir ayuda, pero no dejemos de acompañarla porque, al final, si estamos ahí, cuando llegue su momento, es mucho más probable que salga. Si nos fuimos y las juzgamos es posible que siga en esa situación», avisa. Además, subraya, se trata de «hacer partícipes» también a ellos: «Esto no va a cambiar si vosotros no sois parte activa y parte que está del lado de lo que es justo, de lo que no tiene que pasar». 
«Hay un clic», admite, «pero se tiene que trabajar muchísimo más», recalca. Y en este sentido, lanza un envite a la sociedad en general.«Educativamente, les siguen llegando mensajes súper machistas. Todavía los medios hacen bastante daño en esto, series, juegos... con mensajes machistas. Al final, todo lo que consumen, todo lo que ven en su día a día, tiene contenido machista», recrimina. Por ello, su meta con los talleres pasa por abrir su mente, ampliar su mundo, para que sean capaces de «detectarlo». «Al final, si no analizamos y detectamos que eso no es lo ideal, no podemos cambiarlo. Creo que el punto es eso, sensibilizarnos para detectar que eso no es lo correcto, no es lo ideal y, a partir de ahí, tomar parte activa, e intentar cambiarlo. Tener los ojos abiertos», sentencia.  Al final todo se resume en eso, respeto.