Una España galdosiana

Javier Villahizán (SPC)
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El mundo de la cultura reivindica al autor de los 'Episodios nacionales' como uno de los grandes escritores de todos los tiempos, tan solo superado por Miguel de Cervantes

Una España galdosiana - Foto: EUROPA PRESS

El próximo 4 de enero se cumple un siglo de la muerte de Benito Pérez Galdós, el mayor novelista español después de Cervantes. Un escritor que marcó un hito en el conocimiento de la verdad humana, de la sociedad y de la política. Era como el Martin Scorsese español, pero hace dos siglos y literato.
Uno de los libros de cabecera del gran canario son sus Episodios nacionales, un conjunto de 46 volúmenes que empiezan con Tráfalgar y que hacen referencia a modo de relato novelado a algunos de los acontecimientos más destacados del país en el siglo XIX.
Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843-Madrid, 1920) realiza en ellos un fresco periodístico de la Historia de España durante casi 100 años. Los Episodios atraviesan un sinfín de hechos políticos, como la España napoleónica y la Guerra de la Independencia, el reinado de Fernando VII y el Trienio Liberal, la Primera Guerra Carlista y la regencia de María Cristina, el reinado de Isabel II, la Revolución Gloriosa, la Primera República y los años posteriores a la misma. Se trata de una enciclopedia novelada con un gran valor didáctico.
Fue un hombre preocupado por España y por sus conciudadanos, un narrador de los grandes acontecimientos pero también de los pequeños, un escritor sensibilizado con el ser humano y su realidad.
Su estilo era realista. Influenciado por Balzac, Dickens o Zola muestra cuidadosas descripciones de ambientes y personajes, además de configurar unos retratos sociales soberbios.
Si algo destaca en Galdós es su escritura integral, es decir, fue un poderoso pintor de ambientes, un gran documentalista de su tiempo y un penetrante psicólogo del alma humana. No en vano, en 1912 fue nominado al Nobel de Literatura.
El creador canario cuida sumamente la ambientación sobre los escenarios, las costumbres de la época y las gentes, y siempre según los métodos del realismo más riguroso.
Igualmente, sus dotes de observación le hacen encontrar el detalle más significativo, aportando a la narración un gran valor añadido. Así, las descripciones de las calles y plazas de Madrid, los detalles de los interiores de las casas burguesas o humildes y las especificaciones sobre los comercios y las oficinas del momento llenan el relato de una pátina literaria que hace que las historias de Galdós sean imborrables.
Pero Galdós también es un retratista de almas y dota a cada uno de sus personajes de una verdad llena de rasgos físicos y morales singulares, además de proporcionarles una indumentaria especial y unos gestos acordes con cada protagonista.
Sin embargo, lo que más sorprende del escritor canario es su insultante modernidad, materializada en sus fuertes monólogos interiores e intensos diálogos.
Además de su serie de novelas históricas, Galdós publicó títulos  de la talla de Doña Perfecta (1876), Marianela (1878), Fortunata y Jacinta (1886), Gloria (1887), Miau (1888), El abuelo (1904) o El caballero encantado (1909).
El autor también escribió textos para teatro. Entre sus trabajos más destacados se encuentran La de San Quintín (1894), Los condenados (1895) o Electra (1901).
En este contexto, medio siglo después de sus publicaciones el cineasta surrealista Luis Buñuel llevó al cine dos obras de la narrativa galdosiana: Tristana y Nazarín.
por todo lo alto. Con motivo del centenario de la muerte del escritor canario, su tierra natal organiza este año medio centenar de actividades de teatro, música, exposiciones, charlas y talleres relacionados con el autor y su obra. 
La Biblioteca Nacional, de Madrid, también se vuelca con tan simbólica fecha a través de una magna exposición en la que muestra hasta el próximo 16 de febrero la vida más íntima del literato: las tertulias, las publicaciones, sus aficiones pictóricas, sus amores, su estancia en la capital, su perfil político, en definitiva, una intensa existencia desde todos sus ángulos para dar a conocer a un creador moderno y adelantado a su tiempo como era Benito Pérez Galdós.