LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Green Book

Otto von Bismarck fue el precursor del Estado protector e intrusivo en la esfera privada. Era un convencido nacionalista, profundamente anticatólico y defensor del Estado frente al individuo. Como todo personaje de inteligencia excepcional le acompaña un aura mística, porque indudablemente impulsó algunas innovaciones sociales que en su momento se consideraron avances. Desgraciadamente sus motivaciones eran más oscuras y transformó su país en una máquina perfecta para la guerra.

Observamos un caos electoral en toda Europa independientemente del modelo de votación utilizado. Los votantes demuestran estar incómodos con el presente y asustados con el futuro. Parte del problema se genera por un fallo de concepto básico. Los servicios que presta el Estado no son derechos fundamentales clásicos, sino que el radio de actuación depende exclusivamente de los ingresos fiscales que obtenga. Por tanto, los recursos disponibles marcan las prioridades públicas.

Lo esencial es que el Estado sea prudente en sus ambiciones, porque reclama unos medios que no tiene y solo es útil en la medida en que es eficiente. Basta con observar el colapso de Venezuela para comprender lo que ocurre cuando el Estado fracasa. El crimen, el hundimiento de la esperanza de vida, la corrupción y la pobreza, se propagan con una rapidez inaudita. Es un ejemplo visible de por qué el hombre necesita a la sociedad para protegerse de su fragilidad.

Un Estado pequeño no es sinónimo de cinismo o individualismo egoísta; ni sus promotores son malvados políticos conservadores. La modestia en las dimensiones estimula un ejercicio responsable de las obligaciones. Tiene que hacer lo justo para garantizar el cumplimiento efectivo de sus objetivos. Ahora se regula todo para imponer una seguridad a costa de la libertad individual y decide una élite funcionarial.

Como cualquier sueño utópico, el edificio se está empezando a desmoronar. El crecimiento anémico se extiende, la implosión demográfica acompaña al control de la natalidad y la diversidad de género, mientras que el compromiso de gasto de las pensiones nos aplasta. El presupuesto se agota al ritmo de las ideas.

Estados Unidos ha demostrado que el dinero, la discriminación positiva, las subvenciones, la destrucción de la familia tradicional o el aborto, han destrozado a la comunidad negra. Tras 50 años de fracaso absoluto empieza a ser hora de volver a los orígenes. La autonomía, el esfuerzo personal y la responsabilidad individual son la clave para una sociedad justa y próspera.


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