VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


El bloqueo

Pase lo que pase en la sesión de investidura de esta semana entrante, en la galería de retratos de la Cámara Baja deberían incluir ya por derecho propio alguna de las imágenes con las que han quedado retratados los dirigentes políticos españoles que son incapaces de entender el mensaje que les trasladan los ciudadanos en las urnas. En buena medida, ha vuelto a ocurrir esta vez por los condicionantes del pasado, por lo que ocurrió hace tres años en el primer episodio de esta pesadilla multipartidista que amenaza con prolongarse durante años en la democracia española. Los partidos miran a esa huella pretérita que nos dejó un período de casi un año sin gobierno, y las culpabilidades que tuvo aquella situación, y ahora actúan aplicando la venganza personalista de los egos irrefrenables. Todo muy lamentable, con el pueblo español convertido en público inopinado de una función que, por hartazgo, ya ni siquiera siguen en los telediarios estivales.

Pedro Sánchez se somete a la investidura lastrado por aquella insultante exigencia que hizo a Rajoy: pacte con sus iguales, con los de su cuerda ideológica. Con los que son igual de despreciables que usted, vino a decir. Dado que entonces incluyó implícitamente a los nacionalistas aburguesados, el hecho de que ahora esté contando con sus votos resulta un cínico ejercicio posibilista de los muchos que nos ha legado ya el presidente en funciones. Tras la ruptura que él mismo ha decretado esta semana en su negociación con Podemos, Moncloa pretende situar ahora al socio preferente Pablo Iglesias en un “frente de obstrucción antidemocrático” (etiqueta cortesía de Carmen Calvo) en el que los socialistas insinúan que la formación morada votará de la mano y a partir un piñón con el monstruo del Averno que representa Vox. Como el prestigio de oradora de la vicepresidenta está en mínimos históricos tras su apropiación de la lucha por los derechos de las mujeres, su idea no la han comprado ni los más entusiastas defensores de la causa, ni siquiera los que tienen una pantalla donde predicar.

Para Sánchez es mucho más cómodo recibir apoyos como el de ERC, socio prioritario no declarado. Ábalos lo ha dicho con toda la claridad de la que es capaz: “Tratamos de que nos den el sí sin pedirlo, por una cuestión de pudor”, comentó el pasado jueves en una entrevista radiofónica. Lo que haya detrás de ese sí lo descubriremos unos meses más adelante, cuando el propio PSOE se haya caído del árbol comprobando que una cosa es la investidura a cualquier precio, y otra gobernar cada día con una minoría imposible.


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