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La tradición ceramista de Almazán, de feria

Ana Pilar Latorre
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Una exposición con toda la información de la importancia que tuvo este sector en la villa y reproducciones realizadas por Néstor Pablo Roldán

La tradición ceramista de Almazán, de feria

Podría decirse que Almazán sigue descubriendo sus terosos ocultos. Y, precisamente, la 60ª Feria de Muestras ofrece la posibilidad de contemplar en la carpa pequeña del Ayuntamiento La producción cerámica en Almazán. Siglos XVII al XIX, una exposición que cuenta con recreaciones que el experto ceramista Néstor Pablo Roldán (Cerámicas Saedile) ha elaborado tras un riguroso estudio de formas, tamaños y decoraciones. Las piezas salidas de este taller crean un vínculo sentimental con el pasado y el patrimonio adnamantino en una muestra impulsada por Ángel Martín Martínez.

La arqueóloga Pilar Lafuente Ibáñez destaca que «Almazán, desde muy antiguo, ha contado con una importante tradición relativa  a los oficios de barro, favorecida por su emplazamiento a orillas del Duero, por el que disponía de agua abundante y arcillas de calidad. Alfarerías, obradores de cerámica o tejeras de donde salían materiales de construcción, como ladrillos, tejas, losetas para pavimentos o atanores para tuberías, coexistieron o se han ido sucediendo a lo largo de los tiempos en la villa. Dentro de la variedad de la decoración de estas cerámicas, según los estudios de las excavaciones, se definen tres grupos representativos: la serie azul, la serie tricolor y la serie con pequeños motivos encerrados en círculos. Es una de las curiosidades que se podrá contemplar en esta original muestra.

investigación. «Son muchos los testimonios materiales que quedaron depositados en los testares, fragmentos que nos hablan de una intensa e importante producción cerámica» a la que hoy el público puede aproximarse gracias a esta propuesta. Esta «dedicación artesanal» era de sobra conocida por vecinos e investigadores interesados por las cerámicas y las alfarerías de Almazán y por su devenir histórico. 

«La tradición oral, la documentación escrita, los hallazgos materiales, así como algunas piezas en colecciones privadas o conservadas por las familias a través del tiempo, daban cuenta de una actividad productiva de gran importancia económica en la villa», prosigue la arqueóloga. Varios autores han tratado el tema de la cerámica de Almazán y ya en 1973 Teógenes Ortego se refiere a la existencia de estas producciones en su obra Almazán, ilustre villa soriana. En base a los datos del catastro del Marqués de la Ensenada, ofrece información de algunos hallazgos e ilustra el texto con una imagen en la que aparecen una serie de albarelos y dos platos en los que están escritos los apellidos Belazquez y Contreras.

Más recientemente, Pedro Javier Sánchez habló en un artículo que expone los hallazgos en una iglesia de Segovia del relieve de las producciones adnamantinas y de «un interesante conjunto cerámico del siglo XV». Junto a otros autores, se refiere a los materiales cerámicos recuperados en la letrina del Palacio de los Hurtado de Mendoza: «Contextos cerámicos de los siglos XVI y AVII en una villa del oriente castellano».

Por último, la arqueóloga cita un artículo publicado por Manuel Retuerce y Paula Garrido en 2021, en el que se analizan las cerámicas recuperadas en la intervención de la Puerta del Mercado de la muralla de Almazán. Se dice que Almazán es «un centro de producción cerámica de imitación de Talavera en los siglos XVII y XVIII». Igualmente, destaca que el cronista de Almazán, José Ángel Márquez, publicó en el programa de Fiestas de Jesús de 1994 un interesante artículo titulado Los alfares de Almazán, recogiendo todos los testimonios y escritos para documentar esta actividad.

La cerámica destaca en Almazán, indudablemente. Desde el siglo XVI la produción de loza de calidad en Talavera de la Reina se extiende a otras zonas, proliferando centros alfareros de imitación. La villa adnamantina, aprovechando su infraestructura alfarera, «se va a convertir en uno de estos centros productores creando una cerámica de calidad en la que se puede apreciar la influencia talaverana, a la vez que presenta características propias que la singularizan». Hay documentos que dan fe de la intensa actividad de los oficios del barro y la cerámica, sobre todo a lo largo del siglo XVIII.