TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Surrealismo

Con permiso de Italia, creo que somos el país más políticamente surrealista o más surrealísticamente político (y perdón por el palabro). Vean sino lo que está sucediendo estos días de encuestas, sondeos y demás demoscopia al uso preelectoral: como los datos no dan mayorías absolutas ni estables, muchos observadores, tertulianos, analistas y listos varios hablan ya sin tapujos de repetir las elecciones generales. Lo he escuchado en varias emisoras (y en más de una ocasión) y no doy crédito a mis oídos. O sea, que ni siquiera ha comenzado oficialmente (oficiosamente lleva siglos) la campaña electoral y ahí tienen a los teóricos expertos dando por normal, y casi lógica, la repetición de los comicios. Ni posibilidad de sorpresas, ni oportunidad para la negociación y los pactos: como no se vislumbran acuerdos, vuelta a las urnas. Y si no basta con una vez, las que hagan falta hasta que se agoten todas las papeletas o nos hagamos viejos por el camino. Y no deja de ser dramáticamente curioso y revelador que, conocidos los resultados de las encuestas, los partidos se empeñen en poner líneas rojas y en perpetrar exclusiones en lugar de tender puentes, buscar consensos y perseguir alianzas que garanticen la gobernabilidad de España. ¿No nos bastó con aquella experiencia de los tiempos de Rajoy? Parece que no, porque todo son vetos y «yo no me ajunto contigo ni para ir a heredar». Y así van discurriendo estas semanas en las que la escalada de gritos, broncas, palabrería, ocurrencias y otras lindezas semejantes entoña cualquier atisbo de debate sensato y sustituye a la racionalidad necesaria para afrontar una situación nada tranquilizadora. ¿Serán nuestros próceres capaces de reconducir este pandemónium? Ya me gustaría, ya, pero me temo que no están por la labor. Parecen más inclinados a abundar en un surrealismo que tiene poco de creativo y mucho de destructivo. Paciencia y a barajar. Y a elegir bien.