LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


Mar de plástico

Es como un ritual. Una cena ligera con Cola-Cao incluido y, amenizando el ambiente, la sintonía dinámica y pegadiza que emite el televisor y que, de menos a más, engrandece un amanecer en blanco y negro anunciando el comienzo del programa.
Aunque ya son las 10 de la noche, Rodrigo, que tiene sólo siete años, hoy goza de pase pernocta. Es viernes, al día siguiente no hay cole y la serie se ha convertido en una especie de ceremonia familiar que reúne durante media hora a todos los miembros frente a la pequeña pantalla.
Jamás antes se habían visto documentales tan didácticos, descubriendo los detalles más íntimos y las características menos conocidas de la vida de los animales que habitan en los campos y montes de la Península Ibérica.
Atento, obnubilado por la voz tan singular de Félix Rodríguez de la Fuente, su inigualable narración y las impactantes escenas, el niño, igual que la mayoría de los hogares, se deleita con El buitre sabio, un nuevo episodio de El hombre y la Tierra.
Rodrigo sube el volumen del televisor y se acomoda en el sofá. El programa arranca con el naturalista y su equipo rellenando con claras y yemas el interior de enormes huevos artificiales de cera, que, después de ser recubiertos con escayola, pintados y sellados, se asemejan a los propios de avestruz. La idea es mostrar cómo una de las aves que nidifica durante temporadas en España, pero que vive la mayor parte del tiempo en África, el afamado alimoche, utiliza herramientas, en este caso piedras, que lanza con el pico para poder romper la cáscara y alimentarse del interior. Quieren comprobar si aquellas aves jóvenes, que no han estado jamás en el suelo del continente negro, tienen innata esa habilidad. «Me parece complicado que si no han visto cómo hacerlo antes, puedan llevarlo a cabo», comenta en voz alta el padre del chaval, que, sin embargo, opina lo contrario y que siente una enorme curiosidad por saber qué pasará con el experimento. 
Tras describir las características de este buitre de pico amarillo y secuestrar a una cría de uno de los nidos para examinarla y exhibirla ante los espectadores, el equipo coloca varios huevos artificiales en las cercanías. Pronto, las aves carroñeras se sienten atraídas por esas esferas blanquecinas y, tras instantes de duda, buscan guijarros con los que golpearlas para abrirlas y así poder comer.
El niño, cada día más enganchado a la serie, sonríe y mira a su padre con un brillo especial en los ojos. «Como sueles decir, nunca te acostarás sin saber una cosa más. ¡Buenas noches!», se despide, antes de enfilar sus pasos hacia el dormitorio, al tiempo que el episodio finaliza con la misma sintonía con la que empezó. 
El pasado lunes se cumplían 45 años de la emisión del primer capítulo de la mítica serie El hombre y la Tierra, un espacio que dio a conocer al gran público a Rodríguez de la Fuente, inigualable divulgador del universo animal y uno de los mayores defensores de la naturaleza que consiguió inculcar el respeto por el medio ambiente entre decenas de generaciones.
En 1972, el naturalista pronostica que el mayor problema al que tendrá que enfrentarse la humanidad era el de la basura. Desechos en forma de bolsas de plástico y de envases sin retorno que se transformarán en veneno disuelto en el organismo de aquellos seres vivos que forman parte de la cadena alimentaria.
Su vaticinio es hoy una realidad y los microplásticos, que ya se han hallado en el 90% de la sal de mesa o en el intestino humano, se han convertido en un enorme problema para la salud y la subsistencia del planeta.
Esta plaga, que acaba con la vida cada año de un millón de aves y 100.000 mamíferos, es un enorme reto para un ser humano que ha de buscar soluciones, basadas en la concienciación sobre la importancia del reciclaje entre la población y tratando de promover una industria que deberá dar un impulso definitivo a proyectos enfocados a acabar con el plástico, donde la tecnología pasará de ser el problema a erigirse en la solución.
Rodrigo, que ya pasa de los 50, ajeno a cuanto le rodea, sigue con sus prismáticos el vuelo de una pareja de alimoches, hoy en peligro de extinción. Félix Rodríguez de la Fuente y sus documentales le introdujeron el gusanillo, logrando que los buitres sabios sean una de sus pasiones. 
El plástico, del que no se recicla ni el 50 por ciento, es una auténtica epidemia que ya está provocando consecuencias devastadoras entre la fauna y el medio ambiente. El hombre es el siguiente en la lista, pero ni este hecho ni las nueve millones de toneladas que cada año llegan a los océanos parecen ser suficientes para remover conciencias.