TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Vikingos

Al Norte, muy al Norte, más allá del muro que dibujan con permiso de Dinamarca el Mar Báltico y, sí, el Mar del Norte, juegan al fútbol. Pero no como pensaban nuestros padres hace 50 años o nosotros hace 25: juegan de verdad. Sin casco ni sangre entre los dientes. Ni están borrachos ni pasan todos del ‘metro-ochenta’ ni tienen la piel roja por haber estado expuestos al sol del mediterráneo. No basan su juego en el pelotazo, la peinada de un gigante vikingo y la carrera al choque de otro delantero que por las tardes juega a fútbol después de haber partido troncos a mano en algún bosque próximo al Golfo de Botnia. Desde hace algún tiempo hemos ido cambiando de idea porque pensamos que ellos han ido cambiando de fútbol… cuando en realidad Suecia es la décima selección del planeta (tomando como referencia los Campeonatos del Mundo) y 18ª según el ránking FIFA. Y sí, Noruega es más asequible, y solo ha jugado tres mundiales y está en ese mismo listado en el puesto 47. Pero hay que ir allí arriba y jugar… 
… Lo que nos lleva al meollo de estos viajes a países con tradición pelotera relativa o, cuando menos, distinta a la nuestra: hoy por hoy, el físico y la táctica están absolutamente equilibrados en todo el planeta. Es complicado ya encontrarte equipos o selecciones a las que puedes pasar por encima sin correr (olvídense hoy de un 12-1 a Malta, por ejemplo). Todos los entrenadores de elite tienen una formación similar a la tuya y probablemente más interés que tú en el partido, todo guapo con tu equipo fetén o tu selección de postín. La única diferencia -como si fuera poca cosa- está en la técnica, un único factor que precisamente sale a relucir cuando el rival comete errores. El viaje a Escandinavia y sus dos envites encierran por tanto el doble peligro del favorito moderno, o sea, el que debe demostrarlo. 


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