CARTA DEL DIRECTOR

Iván Juarez


El pozo sin fondo de la legislatura

Por mucho que nos hayamos acostumbrado a algo antes visto como excepcional, con una frecuencia casi olímpica, que era el ritual sagrado de pasar por las urnas y practicado ahora con excesiva asiduidad, no deja de sorprender que cada dos por tres estemos de paso por el colegio electoral de turno. Y sí, de paso porque el hecho de depositar el voto, un gesto tan trascendente, peleado por generaciones, se torna en estéril e ineficaz. Tanto como lo son los encargados de devaluar el parlamentarismo que emana de la suma de votos. La sociedad asiste entre atónita, indignada y perpleja a una escenificación infantiloide de los representantes políticos en los foros donde la democracia española viene a cobrar sentido. Es patente que vivimos inmersos en un ciclo competitivo que deja lo serio en un segundo plano y en el que prevalece una política espectáculo, vacía de contenido, donde priman las estrategias y el tacticismo político y donde las inquinas y rencillas personales de los diferentes líderes se eleva a cuestión de estado y mantienen en vilo, al tiempo que penalizar, a todo un país que se ha olvidado de gobernar y ser gobernado.
Una excesiva frivolidad, la de aquellos que anteponen sus intereses partidistas a los de un territorio, que sin embargo tiene altos costes y de diversa índole. En el marco de la toma de decisiones, los púgiles parecen obviar que hay nubarrones económicos en el horizonte y una más que probable recesión al tiempo que desafíos tan cercanos que tendrán su repercusión negativa, como el Brexit. Temas capitales como la reforma de las pensiones, de la Constitución, el movimiento migratorio que se hace real en nuestras costas, la despoblación o la amenaza secesionista de Cataluña se aparcan y pasan a un segundo plano a consecuencia de un bloqueo institucional que dura un lustro. Un coste que se manifiesta también en la percepción de los ciudadanos sobre el hecho político y la toma de conciencia de que, después de casi criminalizar la abstención y el quedarse en casa, su voto vale poco o nada, o al menos no sirve para hacer gavilla. Y, por supuesto, el precio de este vacío que nos ofrece esta España desnortada tiene su traslación en números.
No se han olvidado los representantes territoriales, que han dado forma a la decimotercera legislatura de los 146 días, de pasar por caja. Han sido cerca de 120.000 euros al día en sueldos para diputados y senadores. Así, solo los salarios generados por los inquilinos de la Cámara Alta yBaja han superado los 16 millones con la utilidad y el desenlace por todos conocidos. Costes que no incluyen las subvenciones a los distintos partidos para que puedan realizar su trabajo con más medios, o añadidos como las herramientas para que los parlamentarios estén al día como los famosos iPad de última generación, viajes, dietas y varios.Hay que añadir los cerca de 150 millones que cuesta volver a poner en marcha la maquinaria electoral. Es clave que diputados y senadores sean recompensados como se merecen y cuenten con la holgura necesaria porque en cierto modo han de ser la élite del país (nunca me gustaron aquellos anuncios populistas al tendido de los que iban a ir en metro y bicicleta al Congreso y han acabado por asumir los hábitos de los parlamentarios que en el mundo han sido). Se trata de que hagan su trabajo, pero también de que sean conscientes de lo que nos cuestan por hacer básicamente nada. Y eso incluye a los representantes socialistas y ‘populares’ por Soria que han estado principalmente calentando banquillo. Las responsabilidad hay que pagarla pero también exigir una contraprestación, y los líderes políticos no parecen conscientes de la factura para un país instalado en un ‘stand by’ político. No se trata de que se flagelen ni anden pidiendo perdón por una remuneración que bien ganada es merecida pero sí han de asumir el coste que supone esta parálisis institucional y, a mayores, contemplar la posibilidad llegado el momento de que si uno no se ve capaz de dialogar, alcanzar acuerdos por el bien de todos, debería, misión imposible, dejar paso.
La cuestión es que el reparto de generosos y pingues salarios se ha extendido a otros ámbitos como los locales donde, contábamos semanas atrás, la práctica totalidad de los representantes municipales de Soria se ha subido el subido. Consciente soy del sacrificio, de los problemas del día a día, de que uno se hace de enemigos pero hay alcaldes que ya, vista su retribución, no tendrían que hablar de vocación de servicio. Para muestra el caso de Los Rábanos donde alcalde y concejales cobran 50 euros por procesionar tras la virgen o santo de turno por los que presuntamente sienten devoción.Es rizar el rizo y exprimir unos fondos públicos cuya utilidad caen en saco roto.


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