La barba perfecta pasando por quirófano

EFE
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Cada vez hay más jóvenes que busca estar a la moda presumiendo de bello facial. Carecer de él ha dejado de ser un problema gracias a la cirugía estética

La barba perfecta pasando por quirófano

El pelo es un bien preciado y si desde hace años el trasplante capilar en España está en alza porque no gusta la calvicie, también es tendencia el vello facial. Por eso hay quien no duda en hacerse un implante de barba para estar a la moda y cumplir con los cánones de belleza del momento.
«No es que el trasplante de barba esté en alza pero lo ha favorecido el que esté de moda llevarla, y es algo que antes no se hacía porque ser imberbe estaba casi más de moda que ahora», asegura el doctor David Saceda, miembro del Grupo de Tricología de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV).
Los que demandan este tipo de intervenciones -es una cirugía estética «en toda regla», asegura el experto- suelen ser chicos jóvenes, menores de 35 años, que quieren tener una barba más tupida porque cuentan con baja densidad de vello en esa zona y «quieren mejorar su aspecto». Aquellos que, por ejemplo, solo tienen pelo en la zona de la perilla pero casi nada en las mejillas, y es que deben tener algo de cantidad porque «es muy difícil técnicamente recuperar una barba desde cero».
La intervención, a pesar de que dura entre ocho y 12 horas, es fácil, explica el dermatólogo. En una primera fase, el cabello se extrae de la misma zona que para un injerto capilar, es decir, de la nuca y como el de la barba es un pelo grueso, se necesita mucha cantidad, lo que quiere decir que el paciente puede agotar sus posibilidades para otra futura operación en otra parte del cuerpo, como en la cabeza.
«Por lo tanto, si te haces un trasplante de barba es posible que no tengas posibilidad de realizarte un trasplante capilar convencional en el futuro porque el pelo que tenemos es el que da», abunda Saceda, quien explica que una vez que se ha extraído el cabello, se implanta en «la zona receptora», es decir, en la de la barba.
En esa parte previamente se hacen una serie de incisiones, pequeños agujeros donde se introduce el microinjerto, «como quien está trasplantado una planta», resume el experto.
La recuperación a nivel médico es muy rápida, no así en cuanto a estética se refiere, lo que normalmente implica estar unos días «de retiro» sin ir a trabajar porque además del enrojecimiento de la zona y la hinchazón salen costras visibles durante dos semanas.
El precio de la intervención depende mucho del número de unidades foliculares -los cabellos que se implanten- pero es fácil que ronde los 7.000 euros aunque hay pacientes que no quieren zonas amplias sino pequeñas áreas para cubrir una cicatriz, marcas de acné o de viruela, por ejemplo, con lo que el importe es menor.
«Si yo tuviera que recomendar un trasplante nunca lo haría como una reconstrucción de la barba completa, sí para aquellos que quieran un retoque de zonas donde han perdido el pelo o nunca lo han tenido», señala el experto.


El legado ‘hipster’

Saceda afirma que la moda hipster algo ha influido; de hecho, asegura que ha tenido peticiones en ese sentido «la mayoría descabelladas» y que no se pueden realizar, pero la mayoría de los pacientes acuden para encontrarse mejor estéticamente y también ir a la moda.
En este sentido, la psicóloga clínica Mara Cuadrado indica que «cuidarse es importante y estar lo mejor posible estéticamente está bien» y, al igual que muchas mujeres se aumentan el pecho, «ellos también pueden ponerse artificialmente un atributo históricamente masculino».
La experta destaca que las tendencias «por supuesto» influyen y que muchas personas «viven de ellas y hacen mover la economía», pero matiza que uno debe saber el límite de lo que puede invertir «para estar a la moda o simplemente verse más guapo».
Aquellos que se hacen retoques estéticos como éste porque tienen complejo que hace que sus emociones estén alteradas y la autoestima baja, requerirían, a juicio de la Cuadrado, una revisión «psicológica puntual» antes de acudir a la cirugía porque «suelen ser aquellos que resisten a cualquier operación o arreglillo» y pueden continuar en forma de obsesión o complejo «con otra parte del cuerpo, defecto o cualidad de la persona».