TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Las prisas

Noventa y nueve de cada 100 equipos deben calcular con lupa, escuadra y cartabón cada paso deportivo y económico, o ambos ligados, que acometen. Una mala decisión (demasiado gasto en Fulanito, poco esfuerzo en hacerse con Menganito, etcétera) puede comprometer media temporada y luego llega el mercado de invierno y las prisas y las volteretas... y, de repente, lo que en verano era control y pretendida precisión, en enero es la casa de Tócame Roque. Noventa y nueve de cada 100 equipos, en efecto, tratan de medir al milímetro cada fichaje porque de acertar o fallar depende la vida o la muerte (la permanencia), una placita europea que ajuste el presupuesto, tres o 10 puntos más que aseguren un puñado de milloncetes en el reparto del año siguiente y, quién sabe, convertirse en un club más atractivo para el nuevo fichaje de la temporada próxima, que en esta se nos iba de presupuesto. Noventa y nueve de cada 100 equipos se pegan la vida evaluando desde la prudencia.

El Madrid fichó a Brahim. El Barça a Boateng. Y no pasa nada.

En la ventanilla invernal, donde se suponía que el cuadro azulgrana tenía que buscarle sustituyo a Munir y un subalterno a Suárez para quitarle minutos de irrefrenable pasión sobre el césped, pues el uruguayo juega partidos de 91 minutos, llegó cedido del Sassuolo un tipo de XX años a cambio de un millón de euros. No hay por dónde coger la operación, como tampoco esa de Brahim Díaz; en medio de la crisis, 17 millones y siete más en variables para incorporar a un muchacho de 19 años que desde el 9 de enero ha jugado 24 minutos. A veces los números lo explican todo.

Noventa y nueve de cada 100 equipos pueden cometer errores cuando fichan con prisa. La prisa de ellos, los gigantes, casi siempre deriva en locura.