TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Niño caprichoso

La historia de Antoine Griezmann y el fútbol se ha de escribir con mucho cuidado y el típex en la mano. Me quitas lo de «genio» y me pones «niño caprichoso», aunque igual luego volvemos a poner «genio», ¿vale? Y donde pusimos «su renovación fue lo que el Atlético necesitaba para dar el gran salto hacia la grandeza» ponemos «los 23 millones de euros que cobra han supuesto la hipoteca del club -que no se pudo reforzar- y dinamitó por comparación el vestuario». Y sé que hace dos años, cuando todo su entorno -y él mismo- se dejó querer a muerte por el Manchester United, pusimos «que se vaya y nos deje en paz» aunque luego lo tachamos porque se quedó y fue «nuestro referente», y esto lo volvimos a borrar porque creíamos que había firmado con el Barça y fue «el niñato con ínfulas» para terminar siendo «el buque insignia de nuestro proyecto». Es posible que en una semana convirtamos la «ovación al ídolo» por los «pitos al traidor» porque la grada que depositó todas sus esperanzas en su zurda está harto de que no dé una a derechas, y en cuanto la temporada se le muere entre las manos y el Atlético de Madrid se queda seco, él busca la grandeza que cree que le corresponde lejos del Wanda.

El nuevo rumor sobre su deseo de ir al Barça no es algo casual ni gratuito: se publicó en L'Equipe, uno de los penúltimos reductos de sobriedad y seriedad que le quedan al periodismo deportivo; y ni el Barcelona, ni el Atlético ni la prensa española lo ha filtrado. Él y su entorno, su entorno y él, el hermano que se pone la roja de Old Trafford y la hermana que se compró un maletín hace dos años (cuando Antoine decidió representarse a sí mismo), el documental, las idas y venidas, silencios sospechosos y la eterna sensación de que según sople el viento nada vale y podemos comernos un nuevo titular o tener que tachar, por ejemplo, toda esta columna.