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Optimismo justificado

Diego Izco
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España no tendrá que renovar nada para creer: su proyecto de futuro es semifinalista en el presente

El seleccionador apostó por Morata pese a la presión y las críticas. - Foto: LAURENCE GRIFFITHS

Lo único peor que perder es analizar la decepción en caliente. Eso de irse «con la cabeza alta» solo consuela cuando pasan las horas, y después de cada eliminación europea o mundialista empiezan esos análisis traicioneros: qué vale y qué sobra, qué cambiar, cómo renovar, dónde cimentar la revolución… y la mejor noticia para España es que el futuro ya es el presente. Esta convocatoria de Luis Enrique, con cuatro o cinco pinceladas, es útil, brillante, dominadora y muy divertida durante más de un lustro. 


Estilo. En el ‘neofútbol’ de presión alta y derroche físico, España barrió del campo a la que más y mejor había presionado y corrido de la Eurocopa. Italia tuvo que renunciar a todo: y no, no fue algo planificado, porque si no Mancini hubiese renunciado a Verratti. La Roja apabulló a Italia, le arrebató el balón y le obligó a jugar buscando un error. España vuelve a ser reconocible. 


Relevo. Lo que le faltaba a la España post Xavi, Iniesta, Silva, Cesc y compañía… era cierto peso internacional. La semifinal, notable del minuto 1 al 120, puso en valor a muchos jugadores que hace tres años (Olmo, Pedri, Oyarzábal, Eric García…) no eran nada en el panorama internacional y hoy sienten que han formado parte de algo muy especial. 


Juventud. España era la quinta selección más joven del campeonato, con una media de 26,5 años. De las semifinalistas, solo Inglaterra (25,2) presentaba un equipo con más recorrido. Teniendo en cuenta que el ‘momento ideal’ de un futbolista suele rondar los 28 años, la selección tiene incluso margen de mejora. 


Personalidad. Después de los palos iniciales, de dos empates, de ‘tragar’ críticas feroces al seleccionador, a compañeros; de ver cómo Croacia se adelantaba con un error grotesco e incluso igualaba un 3-1 en los últimos instantes o de leer como nadie le daba crédito ante una Italia pretendidamente superior, España ha vuelto a demostrar una personalidad arrolladora: un punto de partida excepcional para afrontar grandes citas. 


Patrón. Luis Enrique se ha ganado al vestuario. Al final del camino, las voces contrarias han ido callando y ha quedado la idea de un técnico con unas ideas férreas, un libro de estilo ganador… para quien la idea de «equipo» está por encima de individualidades. Casi todas las apuestas (Laporte, Sarabia, Olmo), decisiones fijas (mantener a Morata) o correciones (Llorente-Azpilicueta) le han dado la razón.