CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Boris hace bueno a Pedro

No están las cosas en España como para sentirse optimistas ante el futuro, pero si sirve de consuelo que alguien supuestamente mejor se encuentra en peores condiciones, ahí está Boris Johnson para dar motivos de tranquilidad a los españoles que temen Pedro Sánchez nos esté llevando directamente al infierno.

A Boris Johnson se le reían las gracias cuando no era más que un periodista mentiroso, un alcalde de Londres que impulsaba iniciativas propias de un profesional de la provocación o cuando era un ministro de Exteriores a los que en Bruselas no hacían ni caso por lo disparatado de sus ideas sobre cómo aplicar el Brexit. Cuando se hizo con el gobierno cambió la cosa, porque el premier ha impulsado el descrédito de su gobierno, la ruptura social de una sociedad con un fair play ejemplar para controlar cualquier situación, y con un choque entre el Ejecutivo y el Parlamento jamás visto en la historia del Reino Unido. Además, ha puesto en peligro la imagen de la Reina, obligada a firmar un decreto que ponía en duda los hábitos democráticos.

Ante ese personaje que dirige los destinos del país considerado ejemplo de las democracias del mundo, el juego de Pedro Sánchez para gobernar el país con solo un tercio de los escaños del Congreso parece un juego de niños por mucho que irriten sus intentos de gobernar con un partido, Podemos, cuyo programa recoge propuestas inasumibles económica y políticamente y que en algunos casos deja de lado el ordenamiento constitucional. A Pedro Sánchez se le ha consentido todo en ese juego porque hay más indulgencia con la izquierda que con la derecha y quizá porque la mirada hacia Londres provocaba el sentimiento de que eran más aceptables los intentos de Sánchez para alcanzar sus objetivos que los que promovidos por Boris Johnson. Cuando alguien con prestigio comete un desatino, parece que los de otros no lo son tanto e incluso.

Hasta un límite, que ha traspasado Pedro Sánchez al ofrecer a Podemos cargos relevantes en instituciones que no dependen del Consejo de Ministros.

Esa oferta demuestra que la ambición de Sánchez, lógica en cualquier político, se ha convertido en disparatada cuando no respeta las instituciones del Estado que necesariamente deben ser independientes de las decisiones del gobierno, como la Comisión Nacional del Mercado de Valores, el Defensor del Pueblo o el Centro de Investigaciones Sociológicas, aunque Sánchez ya demostró su nulo respeto por esta última cuando nombró director nada menos que a un miembro de la ejecutiva de su partido.

Tenemos la suerte de que, de momento, Podemos no acepta la oferta porque le parece poco, pero aunque no se concrete, el simple hecho de que se haya hecho demuestra que el presidente en funciones y probable futuro presidente, es un hombre que no cumple los requisitos mínimos para serlo: pretende vender las instituciones del Estado al mejor postor, a quien más le ofrezca por ellas.


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