TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Aytekin

La burocracia acomodada, el funcionariado mal entendido, mal gestionado y mal ejecutado, nos ha invitado históricamente a mirar fijamente a los ojos del oficial de turno o la administrativa de marras y pensar con frialdad, a lo castizo, «¿Cómo demonios habrá llegado éste aquí?», y en cuanto te respondes lo de la oposición, añades la segunda cuestión: «¿Cómo puede seguir trabajando aquí semejante inútil?». Sucede muy de vez en cuando, en efecto, pues es la excepción y no la norma. Como también sucede que cada equis tiempo nos encontramos con uno de esos árbitros a los que podemos colgar las dos preguntas (el hecho de «llegar» a la elite y además «mantenerse») cuando centenares de colegiados mejor preparados aguardan en la sombra mientras ellos se equivocan una y otra y otra vez, siembran el caos en cada decisión polémica, ostentan como única virtud la del 'pasotismo' (sí, es puro virtuosismo comtemplarles rodeados de jugadores indignados ante una injusticia flagrante, impermeables a la protesta) y convierten sus partidos en una especie de concursos de variedades en la que ni el concursante (jugadores) ni el público saben qué sucederá al minuto siguiente. Nada es lógico ni cabal. Y sin embargo, ahí sigue el compañero, relajado e inoperante desde que en 2012 entró en el grupo de Elite de la UEFA. ¿Cómo se llega ahí? ¿Con quién hay que hablar? ¿Se oposita? Teniendo amigos, con los que mandan y no.

Deniz Aytekin es uno de esos burócratas acomodados. Hay más como él, pero cada vez que aparece ante nuestros ojos y recordamos la noche del Barça-PSG estamos dispuestos a condenarle de antemano, y él, de forma sibilina, nos da la maldita razón: exceptuando el acierto en el penalti del 0-1 en Rumanía, casi cada decisión que tomó fue un brindis al sol contra el reglamento y la lógica, pura desesperación. Y ahí sigue, poder establecido, como el funcionario que mira mal…


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