DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Lección de periodismo

Quienes nos iniciamos en el periodismo cuando aún se utilizaba plomo y estaño fundidos en la composición de textos, (en sus estertores y como estudiante en prácticas, eso sí) padecemos ahora cierta sensación de vértigo por la inmediatez con la que se transmiten los mensajes y la posibilidad de generar medios infinitos. Aparentemente es el mundo idílico de la comunicación. Proliferación que multiplica los mensajes, da cabida a un mayor número de opiniones, dificultad la tentación del fuerte de acallar al débil y, en definitiva, amplifica la libertad y reduce las diferencias sociales en las prácticas democráticas. Pero no todo es positivo. El aspecto más grave es que muchos medios son concebidos y creados no como servicio a la sociedad (el principio sagrado que se enseña en las Facultades de Periodismo), sino como instrumento para fines ilícitos. Y eso ahora es muy barato.
En este contexto, uno quedó gratamente sorprendido de las reflexiones del Papa Francisco en la entrevista con Jordi Évole. Dijo el Papa que la comunicación moderna sería «maravillosa» si se evitara caer en cuatro pecados, un término intercambiable por otro más terrenal, el delito: La desinformación, cuando se cuenta la mitad y se oculta el resto. La calumnia, no siempre intencionada pero igualmente grave cuando se escuda en lo escrito por otro, sin verificación de quien lo sustenta. La difamación, porque toda persona tiene derecho a su «reputación» personal. Y la coprofilia, «el amor a la cosa sucia, amor a la caca, a los escándalos». Sorprendió su contundencia. «Hay medios que viven de eso», apostilló.
Todo proceso de crecimiento tiene sus etapas de crisis. Y si es tan acelerado como el actual, el riesgo es mayor. Pero no es menos cierto que antes o después se alcanzará la estabilidad y la plenitud. Habrá una decantación y será la propia sociedad, más informada, más culta, menos sectaria, la que dejará en la superficie lo bueno y arrojará a las cloacas los detritus. Y entre tanto, una sugerencia. Ante cualquier información, un solo interrogante: ‘Quién’ lo dice. Es el paso obligado para entender «por qué».