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Mundología literaria

Javier Villahizán (SPC)
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El historiador y periodista Ignacio Uría publica 'Entre columnas', una obra en la que recopila más de dos décadas de colaboraciones en distintos medios nacionales y revistas culturales sobre la defensa de los valores occidentales

El autor ha publicado cinco libros y dos centenares de artículos de opinión y divulgación histórica. - Foto: Manuel Castells

La actualidad, la verdadera actualidad, además de aparecer en los grandes titulares de los periódicos también se esconde en los textos de los columnistas de cabecera, como sucede con las colaboraciones de Ignacio Uría (Gijón, 1971), historiador, periodista, escritor y profesor.

Uría esboza en su nuevo libro Entre columnas (editorial Renacimiento) casi dos décadas de buen periodismo con textos publicados en prensa y revistas culturales sobre asuntos atemporales, pasiones personales (como el cine, el arte, la literatura o el recuerdo) e historias cotidianas cargadas de simbolismo y reflexión. Pero con un matiz diferente: sin temas políticos y con el poso sencillo y optimista de la vida diaria.

En sus textos subyace una especie de sensación vital, de humanismo cristiano, de arrebato por lo bueno de la existencia humana. «Hay muchas facetas de la vida y experiencias que son maravillosas y merece la pena contarlas. Hay que volver a buscar la cara buena a la vida, porque la tiene», y más después de este tiempo de pandemia, afirma, cuando volvemos a valorar las cosas pequeñas y cotidianas: el hecho de juntarse, de dar un paseo, de abrazar al padre...

De aquellos interminables viajes en tren añoro la plenitud de tener la vida por delante. El entusiamo de unos años en los que el mundo se quedaba pequeño aunque solo lo conociéramos gracias al cine o la literatura. Eso tenía la ventaja de que paseabas por Londres con Chesterton de guía o desaparecías en los cerezos en flor de Kurosawa (revista Nuevo Tiempo, Universidad de Navarra). La prosa de Uría posee ese halo de nostalgia placentera que transporta a olores y sabores de la infancia y primera adolescencia. Como afirma contundente, «hay algo dulce en la nostalgia, siempre que no te lleva a la tristeza. Rememorar momentos felices, que te marcaron, y recordarlos, no es doloroso, sino absolutamente feliz».

Además, los años pretéritos, aquellos felices años 70 y 80, le sirven a este asturiano como fuente de inspiración imperecedera para sus obras y columnas.

Y más en estos tiempos, donde un simple gesto o una palabra amable sirven de compañía y de apoyo. Uría no se detiene a reflexionar sobre si hemos salido más reforzados o más débiles de esta crisis que asola el mundo desde principios del pasado año, tan solo desglosa que en esta, como en otras situaciones críticas, «el que era solidario, ha salido más solidario, y el que era egoísta ha salido más egoísta; es decir, ha acentuado los rasgos de la personalidad de cada uno».

 

Una época compleja

Aunque históricamente, un período de tan solo 30 años es como una gota de agua en el océano, el profesor Ignacio Uría cree que se está produciendo un cambio de paradigma, es decir, nos encontramos en una época compleja que tiene asociada un momento de cambio social e histórico.

La etapa actual contiene un poderoso y profundo movimiento. «Hay una revolución tecnológica desde los años 90 que va a suponer un cambio de paradigma, como aquel que sucedió en la revolución industrial», subraya el historiador.

A pesar de la «disolución de la familia, es la crisis más grave», destaca, Occidente se encuentra en un punto ideológico de no retorno, una situación que denomina Renovación. 

Según Uría, el mundo tenderá a desarrollarse en dos velocidades, un hipercapitalismo («que es mejor que el hipercomunismo») que convivirá con un retorno a lo pequeño, a lo rural, lo que provocará en ultima instancia una purga, una renovación.

Sin embargo, e independientemente de esos ataques, el mundo occidental «aguantará», describe.

Ideologización del sistema

Uno de los problemas actuales más preocupantes para Uría es la ideologización de la sociedad por parte de las élites políticas, sobre todo de izquierdas. Situación que puede comprobarse en las distintas normativas aprobadas, como la nueva ley de Educación (Lomloe), ley trans o la de Memoria democrática.

Concretamente, la relativa a la enseñanza la califica de «horror», porque rebaja el esfuerzo y cuestiona el mérito. «Venimos de leyes muy malas desde los 80 con la Logse y ahora tenemos un texto con el que te quedas perplejo». Un medio para que las familias tengan verdadera libertad de elegir la educación de sus hijos sería, según Uría, implantar un bono escolar, es decir, ofrecer una cuantía a los padres y que sean ellos los que elijan el modelo que prefieren.

El autor realiza un último alegato de optimismo al confiar en un nueva regeneración de la sociedad que supere la crisis actual de valores.