TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Sí, oiremos hablar mucho de 'Gobierno progresista'

Sí, vamos a oír hablar mucho de Gobierno progresista en esta campaña electoral que ya ha comenzado de hecho, aunque no, hasta comienzos de octubre, de derecho. Pedro Sánchez, que arranca nada menos que desde Nueva York con photo opportunities que incluyen a Bill Gates aplaudiéndole, promete encabezar un Gobierno de progreso. ¿Apoyado por quién? Pues de momento, por Errejón, Naturalmente, Errejón. Cuya irrupción en escena, casi sin despeinarse, ha anulado la de otros. Pablo Iglesias tendrá que competir con su exsocio y excolega y, claro, con el presidente del Gobierno en funciones, para imponer su particular idea de progresismo. Va a ser el gran tema. 
Sorprende la enorme acogida que en los medios ha tenido la por otra parte esperada irrupción de Iñigo Errejón en la escena política nacional (aunque hace una semana aún decía que no tenía previsto hacerlo). Sin un programa más allá de las alusiones al Gobierno progresista al que apoyará sin condiciones ni contrapartidas, sin haber casi salido a batirse (¿para cuándo un debate cara a cara con Pablo Iglesias? Ah, ¿que no lo harán?), el joven líder de Más Madrid, ahora Más País, ha tenido su media hora de protagonismo, casi sin más críticas que las que le llegaban, para fortalecerle, desde la derecha mediática. Ahora le toca entrar en la guerra, y no va a ser incruenta. 
Las encuestas ya le dan al menos grupo parlamentario, unos escaños arrebatados casi directamente a Unidas Podemos, la plataforma que creó hace seis años junto a Pablo Iglesias, Luis Alegre, Mayoral, Monedero, Carolina Bescansa. Algunos de ellos, tras haber abandonado más o menos virulentamente a Iglesias, se unirán a la nueva plataforma de Errejón, como lo harán algunos hasta ahora aliados regionales de Podemos en Valencia, Galicia, Aragón y quién sabe si Andalucía. Errejón está de moda, es lo nuevo, e Iglesias se ha convertido de solución para la izquierda en problema, en lo viejo pese a su relativa juventud. Tendrá que marcharse, seguramente tras las elecciones, para facilitar la refundación de una sola idea de la izquierda-a-la-izquierda del PSOE. Porque Errejón y el tándem Iglesias-Irene Montero no caben en el mismo gallinero. 
¿Y el PSOE? Pedro Sánchez jamás podrá volver a conversaciones de pacto con Iglesias, una vez que ha dicho que "no dormiría" teniendo al aún líder morado en el Gobierno. Nadie creería este 'bis in idem'. Así que tendrá que dirigir su mirada hacia otras coaliciones, y con los escaños que pueda cosechar Más País no le va, obviamente, a bastar. Tampoco con un Ciudadanos lanzado al precipicio le daría ya, según las encuestas, la necesaria mayoría absoluta. 
Así que créame: acabará dirigiendo sus ojos hacia una gran coalición a la alemana con el Partido Popular de Pablo Casado, que va al alza, siempre según las sacrosantas encuestas. Sería una solución creíble para muchos, supongo: quizá la única posibilidad de tener un Gobierno capaz de hacer unos Presupuestos y reformas que se hacen imprescindibles. Lo que no sería esa gran coalición es ese Gobierno progresista que se nos va a prometer, a tres voces distintas, dos de ellas no tan distantes, durante toda la campaña. 
Y esa va a ser, supongo, la primera promesa incumplida de la campaña electoral, tan inédita, que se nos ha echado encima.