CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Gran jugada de Rivera

A Pablo Casado le ha faltado tiempo para recordar que lleva meses ofreciendo a Pedro Sánchez 11 puntos de acuerdo y tiene razón, pero la jugada de Albert Rivera de ofrecer a Sánchez la abstención del PP y de Ciudadanos a cambio de tres acuerdos de gobierno ha sido muy inteligente.

La ha presentado el mismo día que el Rey iniciaba su ronda de contactos, en una rueda de prensa convocada expresamente para anunciar la propuesta y obligando además al presidente a pronunciarse ante unas condiciones que defiende cualquier persona que defienda España y la Constitución.

De nada sirve que Sánchez haya respondido que no tiene nada que acordar con Rivera porque se cumplen las tres condiciones que ha presentado: no es cierto. No se cumplen. Sánchez ha promovido un gobierno en Navarra con la aceptación de Bildu, gobierno que no es gratis; no ha dicho nunca que en ningún caso firmará un indulto para los procesados catalanes, y tampoco ha prometido los puntos económicos que le pedía Rivera a cambio de la abstención. Que no engañe Sánchez, que la gente sabe perfectamente qué ha hecho en sus tiempos de presidente y de presidente en funciones.

La jugada de Albert Rivera ha sido inteligente porque dejado sin discurso a un Pedro Sánchez que no ha cesado en sus acusaciones a PP y Cs de no ser partidos de Estado al bloquear un gobierno estable. Ha sido inteligente porque no ha ofrece la abstención a Pedro Sánchez, sino a Pablo Casado para ir juntos en la propuesta; y ha sido inteligente también porque ha puesto unas condiciones que aceptaría cualquiera que piense en los intereses de los españoles y abomine de los independentismos.

De lo único que se puede acusar a Rivera es de oportunismo por haber esperado a las últimas horas de plazo para convocar elecciones o ir a una nueva sesión de investidura; también se le podría acusar de haber cambiado el discurso que mantenía hasta ahora, empeñado en el no y sin aceptar la abstención. Pero hay que reconocer que ha convulsionado el escenario con su propuesta inesperada, dejando en segundo plano los famosos 11 puntos de Casado que, por reiterativos, habían dejado de ser noticia.

Rivera al mismo tiempo pacifica un partido que se estaba resquebrajando a ojos vista, con sonadas deserciones precisamente porque algunos dirigentes no comprendían que al negarse Rivera a la abstención estuviera empujando a Sánchez a un pacto de gobierno con Podemos, letal para el futuro del país porque todo el mundo sabe cómo se las gastan Iglesias y los suyos. La fórmula que ha encontrado para la abstención calla la boca a los que le acusaban de que al final se inclinaría por colaborar con Sánchez. La colaboración tenía un socio indispensable, Casado, y un precio que Sánchez no quiere pagar porque dice que las exigencias están cumplidas. Lo que es falso de toda falsedad.