Salud de largo recorrido

Nuria Zaragoza
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Desde hace 23 años Luis García acude todos los días al monte Valonsadero en bicicleta. Tiene 87 años y un cáncer diagnosticado desde hace una década, pero su tesón y sacrificio han convertido estos 16 kilómetros diarios de pedaleo en su mejor medicin

Salud de largo recorrido - Foto: [Eugenio Gutierrez Martinez.; Eugenio Gutiérrez];

Día tras día durante todo el año, «haga frío o calor», «sea día de diario o día de guardar», Luis García Arias pedalea los 16 kilómetros que supone el camino de ida y vuelta a Valonsadero. Solo perdona la ruta «si llueve o nieva», o si tiene alguna «labor» que no puede eludir. Luis es un ejemplo de superación, de tesón, de sacrificio, de constancia. También de envejecimiento activo, de cómo la actividad física puede ser un complemento perfecto para la medicina. Porque, se nos olvidaba mencionar un detalle... Luis tiene 87 años y lleva haciendo esta ruta en bicicleta desde hace ya 23 años de forma ininterrumpida. Hace diez años que le diagnosticaron un cáncer de próstata pero ni siquiera ese «bajón» ha conseguido retirarle de su afición ni frenarle en su empeño. «Si no hago el viaje a Valonsadero en mi bicicleta, no estoy a gusto», asegura al alcanzar su destino y disponerse a reponer fuerzas con un café con leche y un torrenillo en la Casa del Guarda. Allí es ya un viejo conocido y un querido amigo, admite la responsable del establecimiento, Inmaculada Aldea, para quien Luis se ha convertido en parte de la familia del negocio.  
vieja afición. La afición por la bicicleta de este soriano comenzó hace «ya muchos años». «Le compré una bici a mi hijo y otra a mí para poder ir los dos juntos. A veces íbamos  hasta Valonsadero,  y a veces nos quedábamos un poco antes, según las fuerzas que teníamos ese día.  Cuando él ya fue mayor, cogía yo solo la bici y me iba a la Casa del Guarda a pasar la mañana los días que podía», rememora. 
Su jubilación en 1996 y su despedida del mítico negocio de lanas  que regentaba en la calle Estudios le dejaron más tiempo libre y comenzó a acudir a diario hasta Valonsadero. Han pasado ya 23 años desde que adoptó esta rutina y, desde entonces, intenta no faltar a su cita voluntaria diaria con la bicicleta. «No me obliga nadie ni tengo ninguna responsabilidad para ello, pero me gusta mucho hacerlo, lo paso bien, y así hago ejercicio», justifica. Ni los achaques de la edad (en abril cumplirá 88 años), ni los golpes de la salud son un freno para él. Muy al contrario, el deporte ha sido su mejor tratamiento, asegura. «Hace diez años me detectaron un cáncer de próstata y lo pasé un poco mal. Por cosas de la vida fueron retrasando la operación y, al final, por edad, ya no me van a operar, pero tengo que seguir un tratamiento. La bici me ha curado a mí. Ha significado todo», asegura, admitiendo que el deporte matinal le ha quitado de la cabeza las preocupaciones y le ha mantenido activo. 

Salud de largo recorrido
Salud de largo recorrido - Foto: [Eugenio Gutierrez Martinez.; Eugenio Gutiérrez];
ejercicio al aire libre. Y no solo la bici. Su ruta diaria a Valonsadero tiene también una parada ‘obligatoria’ en el gimnasio al aire libre que hay en el Pinarcillo, donde puede ejercitar la movilidad de sus articulaciones y fortalecer sus músculos más allá del pedaleo rutinario. 
¿Fuerza de voluntad? ¿Afición? ¿Pasatiempo? «A mi la cosa de la tertulia no me va mucho porque padezco de los oídos, así que la bici es lo mejor. Tengo lo mío, pero aquí lo paso muy bien. Sobre la bici no me acuerdo de nada malo. Si puedo, no fallo. Solo no vengo si llueve mucho o nieva», asegura. 
Él mismo se arregla y adapta la bicicleta en el pequeño taller que ha adaptado en su propio cochera. «Soy hijo de herrero y estuve tres años haciendo la mili en Madrid y aprendí algo de mecánica, así que me puse mi taller para arreglar mis cosas», indica. De hecho, ha hecho sus propias herramientas como «unas tenazas para la cocina o una pieza para quitar los filtros de los coches», según muestra. 
Allí arregla las dos bicicletas con las que cuenta, una de dos ruedas a la que ha instalado un motor para que sea eléctrica y pueda rebajar un poco su esfuerzo, y otra de tres ruedas, que utiliza «cuando va fallando un poco la estabilidad». El día que le acompañamos va con la de dos ruedas y alcanza en algunos momentos puntuales por encima de los 20 kilómetros por hora. «Pues hoy no he ido muy rápido», apunta con una sonrisa. De media, tarda unos 40 minutos, según tiene calculado, y utiliza siempre el carril bici. 
Siempre suele salir a la misma hora, sobre las 9.30 horas de la mañana, aunque adelante la salida en verano para quitarse las horas de más calor y, también, porque «la gente mayor ya no necesitamos dormir tanto y madrugamos mucho, así que así se aprovecha mejor la mañana», matiza con su sentido del humor. 
Su rutina tiene parada todos los días en la Casa del Guarda, donde le esperan algunos «compañeros» de bicicleta con los que charla, echa la partida, ojea el periódico. «Los más jóvenes aún se van un poco más lejos, pero yo, después del café con leche y el torrenillo, me vuelvo para casa». Allí le espera su mujer, que «me dice que estoy un poco loco», indica entre risas. Sana locura.