Primos barroseros, orgullo de abuelo

Ana Pilar Latorre
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Los quintos Marco Serini García y Javier Moreno García estrenarán la fiesta trasladada a fin de semana. Llevan preparando las telas y el armazón mucho tiempo y están deseando cumplir la tradición

Primos barroseros, orgullo de abuelo

Marco Serini García y Javier Moreno García, primos hermanos de 18 años ambos, van a ser en unos días protagonistas de una tradición ancestral: la Barrosa de Abejar. Con madres de Abejar que emigraron a Madrid, María Begoña e Isabel, visitan con frecuencia el pueblo por el que sienten un gran cariño. Conscientes de la escasez de mozos para ser barroseros, en Semana Santa de 2018 propusieron a los jóvenes de Abejar que ellos lo serían este año. A su abuelo, Galo García, le hace especial ilusión, porque «vamos a ser la primera generación de la familia en hacer la Barrosa y dos nietos el mismo año es todo un orgullo para él». Han estado preparando la ropa de Barrosa y el armazón estos últimos fines de semana en Madrid, con la ayuda de una amiga de sus madres, también procedente de Abejar. 
Están muy ilusionados y además desde este año la fiesta se ha trasladado de martes a sábado por decisión popular (139 votos de los que 10 la apoyaron, 29 no y 36 fueron en blanco). Por ese motivo, Marco y Javier no han podido asistir en los últimos años a la Barrosa. «Yo estuvo de pequeño, pero no me acuerdo», comenta Marco. Pero desde ahora seguro que no faltarán. Se saben bien el guion para ese día. «Iremos por el pueblo con la Barrosa, lo que también supone un gran esfuerzo físico, porque hay que llevarla bien y voltearla. Iremos de casa en casa y hablaremos con los vecinos. Va a haber más gente que en las fiestas de agosto», explican emocionados apuntando que están nerviosos esperando el momento «desde que empezó el año». Además, tanto sus madres como ellos van a traer a muchos amigos, en su caso de la universidad. «A ellos les parece extraño, les explicamos que es como una fiesta de los quintos y una tradición muy longeva cuyo origen se desconoce. Lo entienden, pero no del todo...», detallan los jóvenes barroseros de 2019.
«Aunque suene a novela, viviendo en Madrid pero yendo en Semana Santa, a coger setas en octubre, un mes en verano... se crea un vínculo especial con el pueblo que no se pierde. Nos gustaría transmitir este cariño que nos han enseñado nuestros abuelos y padres a nuestros hijos. Da pena que los pueblos se queden sin gente, por lo que todo lo que sea ayudar está bien», comentan. El hermano pequeño de Marco, Daniel, también quiere ser barrosero con un amigo dentro de tres años. 
tradición. El próximo sábado Marco y Javier (vestidos de banco, con fajín y corbata roja; y con botas y sombrero negro) recorrerán las casas del pueblo, uno dentro de un armazón de madera que decoran las familias de los barroseros y el otro portando una cesta y una  fusta. Reciben dinero, pastas y otro tipo de viandas. 
Por la noche, pasan por el salón del Ayuntamiento, donde les está esperando la gente del pueblo, dan una vuelta y se van; al poco entran de nuevo y dan dos vueltas; y al poco pasan de nuevo y dan tres vueltas. Cuando van a salir, los cazadores del pueblo disparan al aire simulando que han matado al animal, los barroseros caen sobre una tabla y se las baña de vino simulando ser sangre. Seis mozos les portan sobre la tabla y dan tres vueltas al salón.