24.000 euros separan los hogares 'ricos' de los 'pobres'

Ana I. Pérez Marina
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Las urbanizaciones del entorno de la capital o las casas de fin de semana de El Valle contrastan con los domicilios de agricultores jubilados del Noroeste soriano

24.000 euros separen los hogares 'ricos' de los 'pobres' - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez.

Pueblo rico, pueblo pobre. Barrio pudiente, barrio modesto. ¿Puede hacerse esta distinción en una provincia como Soria? Se puede. Otra cosa es que las cifras resultantes respondan a la realidad socioeconómica del núcleo a tratar. Es evidente que el poder adquisitivo de los vecinos del barrio de Salamanca no es el mismo que el de los residentes en Carabanchel, en Madrid, o el de los de Pedralbes y los de Ciutat Meridiana, en Barcelona. Sin embargo, aparenta más inapreciable la diferencia tanto en Soria ciudad como en su medio rural. No lo es tanto. No es lo mismo vivir (o estar empadronado, para ser exactos) en El Valle que en el Noroeste de la provincia, lindando con la provincia de Burgos. El Atlas de Distribución de Renta de los Hogares (ADRH) elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en su sección Estadística Experimental pone de manifiesto las diferencias intermunicipales e inframunicipales en cada provincia. Y la curiosidad mató al gato. Tanto es así que la página quedó unos días bloqueada ante la avalancha de consultas, hecho que  también fue noticia. Así las cosas, los hogares de Garray y de Valdeavellano de Tera son los que más renta media por hoga manejan, mientras que en el extremo opuesto están Alcubilla de Avellaneda y Espejón. Si se coge el dato de la renta media por persona, el número 1 lo ocupa Valdeavellano de Tera, mientras que el segundo es para Barca (el tercero en ingresos medios por hogar). En el lado contrario, Espejón lidera la lista, seguido de Vadillo y Baraona (Alcubilla de Avellaneda se queda en el undécimo puesto en este parámetro). El resultado es que la resta entre la media de los hogares ‘acaudalados’ y los más ‘humildes’ es de más de 24.000 euros.  
El Día de Soria toma como referencia la renta media por hogar y se desplaza a los dos pueblos más acomodados y a los dos más desfavorecidos. Los motivos que llevan a estos pueblos a colgar la etiqueta de ‘rico’ o ‘pobre’ son distintos y no suelen corresponderse con la vida terrenal. 
en el alfoz de soria. Empezamos con Garray, con una renta media por hogar de 38.920 euros (14.447 euros por persona). La respuesta a esta cifra hay que buscarla en las «urbanizaciones». En esto coinciden los representantes políticos y los vecinos con los que hablamos. Quedamos en el Ayuntamiento con la teniente de alcalde del municipio garreño, Mercedes González, quien, a su vez, reside en una de las pedanías, Chavaler. «En Garray han influido mucho las urbanizaciones. La ‘Numancia’ es la más antigua, después se construyó la de ‘Río Tera’ y la del ‘P-3’, la que está arriba, que es la última y la verdad es que ha tenido buena acogida. La gente que ha venido es joven, con niños pequeños y se han empadronado. Al final, el empadronamiento es lo que da riqueza al pueblo, lo que deja los impuestos. Desde hace un par de años es cuando más movimiento se ha notado», asegura.
Garray es uno de los pocos municipios sorianos que crece. En 1991 contaba con 295 habitantes y casi tres décadas después son más de 700 (incluidas las pedanías Tardesillas, Chavaler, Canredondo de la Sierra, Dombellas y Santervás de la Sierra). La cercanía a la capital, a menos de nueve kilómetros de distancia, le ha convertido en uno de los núcleos del alfoz de Soria en desarrollo. Y eso que quedaron en agua de borrajas ambiciosos proyectos como la fallida Ciudad del Medio Ambiente (CMA), aún encallada en los tribunales, o el parque histórico natural (‘arqueódromo’) de la década de los noventa.
Mercedes González recuerda que cuando se fue a vivir a Chavaler, hacer veinte años, había «cuatro casas abiertas» y en este tiempo se han habitado «otras seis o siete» viviendas de gente joven con niños pequeños, además de las residencias que se han recuperado para vacaciones y fines de semana. «Chavaler es uno de los pueblos que más ha crecido, pero en el resto de las pedanías ha sido más o menos igual», advierte.
Los empadronados ‘veraneantes’ tienen bastante que ver en el nivel de renta media por hogar en los municipios sorianos. Aunque su domicilio habitual esté en la capital soriana o en urbes como Madrid o Barcelona, forman parte de los censos de la localidad de su segunda residencia, en la que pagan impuestos, como el de vehículos de tracción mecánica, seguramente más económicos que en sus ciudades de origen, pero cuya recaudación le va bien a las exiguas arcas municipales del medio rural de la Soria vaciada.
Garray, a diferencia de otros núcleos sorianos, cuenta con un tejido empresarial destacado, con firmas como Soria Natural, Gepisa o Aleia Roses. «Mucha gente para trabajar en Aleia se empadronó y se vino a vivir a Garray o a los pueblos de alrededor», puntualiza la responsable municipal.
Por supuesto, el turismo, vinculado al yacimiento de Numancia, es un punto fuerte para el municipio y en particular para el sector servicios. «Tenemos cuatro bares, farmacia, una tienda de alimentación, una peluquería… hay movimiento. El Aula Arqueológica y el turismo de Numancia mueven mucho», comenta.
A su juicio, la renta media por hogar se ha elevado porque la población que se ha asentado en Garray en los últimos años es joven y, después de la crisis, «ya se ingresan dos sueldos», aunque reconoce que también se debe a la ‘aportación’ de algunos empresarios que tienen su domicilio en la localidad garreña. «Hay gente que está empadronada aquí, eso es verdad, con un nivel económico alto», puntualiza. Los «más conocidos» son los Marichalar, cuya finca El Garrejo forma parte del término y algunos de los integrantes de la noble saga figuran en el padrñib del pueblo.
precio de la vivienda. El buen tiempo de este otoño invita a estar en la calle y unos cuantos vecinos, mayores y niños, pasan la tarde en la plaza. Preguntamos qué les parece vivir en el pueblo con la renta media por hogar más alta de Soria y, casi al unísono, coinciden en que en esa media no tienen mucho que ver su potencial económico. «Entre todos los que estamos aquí no sumamos los 39.000 euros», bromean. Cristina y Sergio llegaron de Madrid hace más de una década a Garray, donde viven con su hija de dos años. Están buscando casa para comprar en el pueblo, pero aseguran que está «más caro» que un piso en Los Royales en Soria capital. «Deben pensar que esto es la bahía de Menorca», comenta Cristina. 
En opinión de la pareja, y de los vecinos que los acompañan, el nivel adquisitivo de la «mayoría» de los garreños es moderado, «normal», reiteran, y mencionan, como apunaba la teniente de alcalde, que en las urbanizaciones es dónde se puede hallar la respuesta a esa media elevada que sitúa a los garreños en el número uno de la estadística.
cuestión de edad. El Atlas de Distribución de Renta de los Hogares (ADRH) contiene datos tributarios (Agencia Estatal de la Administración Tributaria -Aeat-) correspondientes a las anualidades de 2015 y 2016, combinados con la población residente a 1 de enero de 2016 y 2017, respectivamente, de municipios de más de 100 habitantes. Además de la renta, este trabajo del INE ofrece datos que ayudan a encontrar explicaciones a los resultados finales. Así las cosas, en Garray, la edad media de la población es de 41,4 años; el 16,5% son menores de 18 años; el 15,2% tienen más de 65 años; el tamaño medio del hogar es de 2,56 miembros; y el 32% de los hogares son unipersonales. Solo Golmayo tiene una población más joven (36,2 años de media), con un 27,2% de sus vecinos menores de 18 años y un 8,8% mayores de 65. 
Sin embargo, el panorama de Valdeavellano de Tera, segundo municipio en el ránking de renta media por hogar, con 34.977 euros (el primero en renta por persona, con 16.481), es bien distinto. La edad media es de 57,7 años; solo el 3,1% de los empadronados son menores de edad; el 38,2% de más de 65 años; el tamaño medio del hogar es de 2,1 personas; y el 39,6% son hogares unipersonales. ¿A qué se deben estas cifras? Parece que todo apunta a unos cuantos propietarios de reseñable poder adquisitivo, algo que, evidentemente, se nota en los establecimientos comerciales y hosteleros del pueblo.
A primera hora de la tarde apenas se ve un alma en el pueblo. A punto está de cerrar la farmacéutica, Elvira Sal del Río. Llegó a Valdeavellano de Tera en 2008, procedente de Asturias. Asegura que tiene «clientes de Madrid» que van todos los fines de semana al pueblo, en los puentes y en verano. Es en estos periodos, cuando más se nota que el tipo de compradores es «distinto» a los habituales de todo el año. «En agosto es cuando se nota perfectamente», señala, sobre todo en las ventas de parafarmacia y en productos que van más allá de la receta sanitaria. «Este pueblo es como el Everest, no hay una línea continúa en el volumen de negocio», puntualiza la farmacéutica.
Es la segunda legislatura como alcalde para Amancio Martínez en Valdeallano de Tera. Nos vemos en la plaza Ramón Benito Aceña, uno de los ilustres nativos de la localidad cuya trayectoria política, empresarial y personal puede descubrirse en el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia. Alguno de sus descendientes todavía mantienen vínculo y residencia de veraneo en la localidad. 
Martínez pone el acento en que la mayoría de la población es jubilada y los que están en activo se dedican a la ganadería, la albañilería y el sector servicios, por lo que no cree que tengan mucho que ver con la alta renta media por hogar y por persona que   ha puesto en el mapa a Valdeavellano como el pueblo más rico de la provincia. «Pueden ser diez o doce, como mucho, los hogares que suban esa renta. Son personas naturales o descendientes de aquí, pero que viven en Madrid, Barcelona, Zaragoza, Soria...  y vienen todos los fines de semana y vacaciones», explica. «Son arquitectos, médicos, ingenieros... gente con un nivel económico alto, porque aquí la gente ha vivido de la ganadería y de los servicios que hay», apostilla. Hace hincapié en que la importancia de que mantengan el empadronamiento en el lugar donde tienen su segunda residencia, ya que contribuyen con las arcas municipales a través de los impuestos y, además, asegura que «todo cubica», porque suelen hacer vida en el pueblo y «la gente le da aire al dinero». 
Una de las señas de identidad de los pueblos de El Valle, en particular de Valdeavellano de Tera, es el buen estado de las casas. Este hecho y el enclave, uno de los de mayor valor natural y patrimonial de la provincia, implican también que el precio del metro cuadrado, tanto para el alquiler como en  la venta, es alto. «No es barato, todas tienen su patio, jardín o corral. Y hay un problema, además, porque  la gente ni vende ni alquila. El Ayuntamiento tiene cuatro casas arrendadas, pero vas a buscar y no encuentras», asegura Martínez.
hogares unipersonales. Alcubilla de Avellaneda es el pueblo de la provincia con la renta media por hogar más baja de toda la provincia: 14.888 euros, seguido de Espejón, con 16.192 euros. Sin embargo, si se toma como referencia la renta media por persona, Espejón ocupa el primer lugar entre los ‘modestos’, con una media de 7.582 euros por persona, mientras que Alcubilla de Avellaneda se sitúa en el puesto undécimo, con 10.145 euros (son más ‘pobres’, siguiendo este parámetro, en Vadillo, Baraona, Monteagudo de las Vicarías, Espeja de San Marcelino o Covaleda). «La gente es mayor, hay bastantes viudas de agricultores que cotizaron por el régimen especial agrario por lo que cobran la pensión mínima», asegura el alcalde, Gustavo Marín. 
Efectivamente, las mismas estadísticas del INE hablan por sí solas: el 46,2% de los ingresos de los habitantes de Alcubilla de Avellaneda proceden de pensiones, mientras que solo un 24,2% son salarios, un 1,6% desempleo y el resto percibe otro tipo de prestaciones o ingresos.
Más claro queda aún con los siguientes datos, también del Atlas de Distribución de Renta de los Hogares del INE: la edad media en Alcubilla de Avellaneda son 66,3 años (el censo es de 110 habitantes); únicamente el 0,9% de la población tiene menos de 18 años; el 59,1% es mayor de 65 años; el tamaño medio por hogar es de 1,41 personas; y un 62,8% son hogares unipersonales.
Así que la radiografía demográfica es la que da sentido a esos datos. Porque en el pueblo «se vive bien», no se consideran ni más pobres ni más ricos que otros. 
Bienvenido, José María y Luisa trabajan como operarios municipales en Alcubilla de Avellaneda. El primero reside en Peñaranda de Duero (Burgos) y asegura que aunque «es más grande, tiene mucho turismo y hay más juventud» no nota tanta diferencia entre la vida que hay en una y otra localidad, separadas por poco más de 16 kilómetros.
Luisa vivía en Barcelona y hace ya unos años emigró de la gran ciudad por el pueblo, que no cambiaría por nada, aunque reconoce, también sus compañeros de trabajo, que deberían reforzarse los servicios asistenciales y de transporte para favorecer el asentamiento de gente joven y ofrecer mayor cobertura a los mayores. Solo hay dos niños en edad escolar, que van a San Esteban de Gormaz. «La mayoría de la gente son de 70 años para arriba», asegura.
En esta zona, la emigración de las décadas de los sesenta y setenta fue, sobre todo, a Barcelona. En 1960 el número de habitantes superaba el medio millar, mientras hoy apenas sobrepasan los cien. «La mayoría de la gente que vive fuera y tiene casa está Barcelona, por lo que vienen en verano y Semana Santa, no tanto los fines de semana como en otros sitios», aseguran.
La apertura del restaurante este verano en el Palacio de Alcubilla ha supuesto un atractivo añadido tanto para vecinos y veraneantes, como para el turismo. El Ayuntamiento, recuerda el alcalde, ha invertido más de 120.000 euros en esta apuesta turística, y está gestionado por el empresario Jaime Martínez, también responsable de El Balcón del Brezal en El Quintanarejo.
María Luisa, Elmar, Vanessa y Alfredo son los cuatro trabajadores que se encargan del establecimiento  de hostelería. Tanto María Luisa como Alfredo tienen casa familiar en Alcubilla y aseguran que no eran conscientes de que esta localidad presente los ingresos medios por hogar más bajos de Soria. «Habría que verlo», comentan cuando conocen cuál es la renta media por hogar. «Aquí se vive muy bien, no se ve otra cosa». 
María Luisa nos guía en una visita por el imponente palacio, tanto en la planta baja recuperada y utilizada como restaurante, como por el piso superior que podría destinarse en el futuro a un alojamiento hotelero. «Ha ido bien este verano, aquí hay mucho turismo de paso y, poco a poco, se va conociendo en los alrededores y en la zona de Pinares, que también se nota», asegura.  
Lo cierto es que un recorrido por el pueblo, en el que destaca el Palacio de Avellaneda, no da impresión alguna de que el poder adquisitivo sea bajo. Las casas y las calles están cuidadas, y pueden encontrarse atractivos como el pequeño recinto de aves  o el lagar. «Hay muchas construcciones nuevas, pero no están empadronados en el pueblo. En verano, en la Semana Cultural, somos unas 550 personas, la mayoría residentes en Barcelona y también en Madrid», comenta el alcalde, Gustavo Marín.
sorprendidos. En Espejón se muestran sorprendidos con los resultados de la estadística del INE. Ocupan el segundo lugar, después de Alcubilla de Avellaneda, con 16.892 euros de renta media por hogar, y el primer puesto en la media por persona, con 7.582 euros. «Somos los mejores contribuyentes de España», bromean en la terraza del bar-restaurante Palas, uno de los tres establecimientos de hostelería del pueblo, donde coincidimos con Gabriel Alcalde Rubio [anterior alcalde del pueblo], Teodosio, Jaime, Sagrario, Eva y Victoria.
El cierre de la cantera de mármol hace más de una década (sin contar con los intentos posteriores de su puesta en marcha) está más que superado y los vecinos de Espejón que trabajaron en la misma están reubicados en el mercado laboral. Porque el pueblo, enclavado entre las provincias de Soria y Burgos, tiene tres empresas del sector de la madera, en concreto, dos aserraderos y una carpintería.
«Casi todo el mundo está en estas empresas y en la agricultura», señalan en este grupo de vecinos, que apuntan que algunos también se desplazan a San Leonardo de Yagüe o a Aranda de Duero a trabajar.
Espejón (con 170 habitantes) tiene gente joven, «emprendedora», un colegio con doce alumnos y con relevo asegurado. Mientras que en Alcubilla de Avellaneda, a poco más de 20 kilómetros de distancia, la población es mayor y el panorama demográfico es muy distinto. La edad media en Espejón está en 51,3 años; el 14,9% de la población tiene menos de 18 años; el 37,9% son mayores de 65 años; el tamaño medio del hogar está en 2,23 miembros; y el 33,3% son hogares unipersonales.
«Casi todas las mujeres jóvenes somos de fuera, de Madrid o Barcelona», explica Eva, que llegó hace un par de años de la capital de España para establecerse con su pareja en el pueblo de él. En Madrid trabajaba en un laboratorio y lamenta que en el entorno de Espejón no encuentra trabajo. «Falta industria, no estamos de paso, estamos mal comunicados... y ahí, ahí andamos con internet, que va a su paso, la cobertura es mala», explica la Sagrario, regente del bar-restaurante Palas. Recuerda el momento de incertidumbre que vivió la localidad cuando cerró la cantera, en la que estaban empleadas 49 personas, muchas de fuera, por lo que fue un buen momento para los hosteleros y comerciantes. «Yo amorticé mi negocio, pero me tuve que ir unos años a trabajar fuera, cuando cerró, y luego ya volví», comenta.
El 45,6% de los ingresos de los contribuyentes de Espejón, según el INE, proceden de salarios; el 42% son pensionistas; el 1,6% percibe el desempleo; y el resto, el 10,7%, cobra otras prestaciones e ingresos.
En el pequeño supermercado de Blanca, junto al Ayuntamiento, coinciden con la tendera Pilar y Esther. Aseguran que se quedaron sorprendidas cuando conocieron estos resultados estadísticos que los colocan en el vagón de cola de Soria. «No vivimos nada mal en este pueblo», comentan. La dueña del comercio apunta que en los últimos cinco años sí se ha notado que han bajado las ventas en general, pero no por un problema de poder adquisitivo de los clientes, que «compran de todo», si no más bien por la despoblación que sufre el medio rural.
«Hay once niños en el colegio, otros cuatro para entrar en los próximos cursos y más por nacer», señala Esther, que trabajó en su día en la cantera de mármol. «No creo que haya tanta diferencia de renta con otros pueblos», apostilla. Pilar, natural de Orillares y vecina de Espejón desde hace 48 años, tampoco cree que los ingresos sean tan pequeños como dice el INE. «Cuando salió la noticia», nos comenta ya en la calle, después de hacer la compra, «hubo a gente que no le gustó. Es que no parece que sea así». Cosas de pueblo, aunque seguramente más veraces que la literalidad de un cálculo estadístico.