TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Doctor Leo

Pues llegará la cuarta jornada… y a la cuarta tampoco: Messi seguirá sin debutar. Objetivamente es una mala noticia: de lo mucho que tenemos para exportar, presumir y lucir, Messi es lo más reconocible de nuestro campeonato. La punta de una montaña mágica, sin duda. Y lo que era «para Pamplona, seguro» y luego fue «para después del parón, seguro» se ha convertido finalmente en un «no tiene buenas sensaciones» derivado en el «se autodescarta» que pone a la culerada con la mosca detrás de la oreja. Porque Leo es un tipo plenipotenciario en el Camp Nou (cómo no lo va a ser) y para que el Barça funcione y gane hay que tener al muchacho contento. Es una tiranía consentida y necesaria, una forma de vivir el juego a expensas de su zurda, y Messi juega a ser mediapunta o extremo o 'nueve' o ayudante de entrenador o asistente del director deportivo o adjunto al cuerpo médico. Hace siete años era baja para un partido copero por una gastroenteritis, pero dos horas antes se dio el alta a sí mismo y telefoneó a Guardiola: «Estoy mejor. Quiero jugar». Dicho y hecho, Pep sacó a algún canterano de la lista y el '10' jugó media hora y marcó dos goles. «Solo me dolía la panza», aseguró el doctor Messi.

De alguna manera, si algún día llega al entrenamiento con bata y fonendoscopio, se le permite. Con su categoría y su compromiso intactos, nadie en el Barcelona duda de esa lesión que parecía tontorrona (aunque el sóleo es un músculo traidor, sobre todo para quien lleva tanto tiempo rindiendo a tan alto nivel) y que ha impedido a la parroquia azulgrana y por extensión al planeta fútbol en general disfrutar del genio; sin embargo, eso de las «sensaciones», 110 días después de perder la final copera ante el Valencia, 128 después del 4-0 de Liverpool, pone una duda paranoica sobre el tapete: «¿Habrá perdido el apetito?». Dejémoslo en «no forzar». Es más cabal.


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