SIN RED

Loli Escribano

Periodista


Negro, varón y joven

Un quinteto de jóvenes de color se divertía hace unos días en una piscina de Soria de la que yo también disfrutaba. Estaban acompañados de una mujer blanca, adulta, con la que desconozco qué relación tenían. Hablaban sobre las veces que la autoridad pide la documentación a un viandante. La mujer reconocía que nunca un policía le había pedido el DNI en la calle. Y uno de ellos saltó como un resorte: «pues a mí más veces que en cualquier administración. Es que yo soy negro, chico y joven». A mí tampoco me lo han pedido nunca. Debe ser porque soy mujer, blanca y adulta. Y soriana. Como solemos decir, de Soria de toda la vida. Mi perfil, como el de la mujer que acompañaba al quinteto, no debe ser sospechoso de nada ilícito.
No es la única anécdota racista que he oído y vivido en los últimos días. Hace solo unas semanas a mi hijo y a su amigo, H.S., quince años ambos, les revisaron las mochilas en un supermercado del que voy a omitir su nombre por no perjudicarle, aunque el cuerpo me pide ponerlo en mayúsculas y negrita. Mi hijo es blanco. Su amigo es negro. Muy negro. No es la primera vez que les ocurre. En ninguna de las ocasiones en las que les han revisado, los revisadores han encontrado nada en sus mochilas. Lo lamentable es que solo recelan cuando en el grupo está el amigo de color. Nunca levantan sospechas si en la pandilla solo van chavales blancos. H.S. reivindica la palaba «negro». Siempre dice, «si soy negro, pues negro». No ve racismo en el lenguaje. Ve racismo en el supermercado cuando sospechan de él, porque su piel es tan azabache como los ojos de Platero. El chiquillo se lo toma con resignación. Mi hijo se indigna mucho. No soporta que humillen a su amigo. 
Aunque los inmigrantes hace más de veinte años que conviven con la población soriana, el racismo y la desconfianza hacia los que no son autóctonos están a la orden del día. Una xenofobia que se intenta ocultar con discursos falsos en los que nadie reconoce su rechazo y suspicacias hacia personas de otras razas, culturas o nacionalidades. Y aquí es cuando siempre insisto en lo mismo, que el racismo en realidad es discriminación social. Se discrimina a aquellos inmigrantes que pertenecen a clases sociales bajas. Nadie discrimina a los extranjeros ricos o famosos. Si H.S. mañana se convierte en un gran científico o futbolista o pianista (podrá hacer lo que le dé la gana porque es un crío brillante en todas las disciplinas), en ningún supermercado le revisarán, todo lo contrario, le harán una reverencia y le harán la pelota de la forma más vomitiva. Ya no será un negro, varón y joven sospechoso, será una eminencia. Somos así. Somos clasistas. 


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