UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


El clima

Asustado y temblando estoy. Cada vez que leo alguna información que parezca seria y fundada sobre lo que está pasando a nuestro alrededor me entra un desasosiego de campeonato. Lo último que veo es un informe que dice que desde 1980 para acá (que no es nada en términos de tiempo histórico) el verano ha crecido en España hasta durar cinco semanas más de lo que duraba entonces. Lo que viene acompañado de calentamiento, ascenso anormal de las temperaturas medias, desertización creciente, alteraciones en el ritmo vital de la vegetación, y no sé cuántas cosas más, todas ellas de efectos nada favorables para nuestro hábitat ambiental.
Tal vez algo de todo eso obedezca a una sucesión de ciclos de larga duración, como esos que se estudian en la geología para explicar la formación de los continentes en su estado actual. Pero lo que es más seguro es que algo grave le hemos hecho a la naturaleza para que esté reaccionando de esa forma con tanta rapidez. Veníamos pensando en el cambio climático como algo que entretenía a los científicos en su afición a predecir un futuro muy lejano, y resulta que lo tenemos ahí encima. Así que nos afanamos a diario en cuestiones menores, en debates de corto plazo, en intentar ganar un poco de espacio electoral, y pasamos por alto algo de lo más fundamental, que este mundo en que vivimos se nos está deshaciendo a marchas forzadas. Entre la contaminación y la sobreexplotación de recursos naturales le estamos matando, ni más ni menos. Y quizá nosotros, muchos de nosotros, no lleguemos a verlo; pero ya para nuestros hijos, y especialmente para nuestros nietos, uno de los mayores problemas, quizá el mayor, será ese, el de poder mantener una razonable calidad de vida, tal como avanzan los acontecimientos. Exceso de calor y escasez de agua y vegetación; una mezcla verdaderamente explosiva.
Así que deberíamos estar hablando de esto como un asunto prioritario en estos tiempos electorales que estamos viviendo; y asumir compromisos, si es que todavía hay algún remedio, aunque sea parcial. No sea que, entretenidos en minucias particulares, nos olvidemos del suelo que pisamos y el aire que respiramos. Que es de todos.