SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


Dos tontos muy tontos

No acierto a entender qué se le pasó por la cabeza al alcalde de Valladolid, Óscar Puente, cuando reincidió en su absurda teoría de que la única opción que existe para Castilla y León, si no quiere seguir perdiendo habitantes, es centralizar las inversiones en la ciudad que gobierna. No es la primera vez que lo dice y en la anterior ya sufrió una severa andanada de recriminaciones, incluso entre los suyos, los socialistas del PSOE pero, inasequible al desaliento, ha vuelto por sus fueros y ahí lo tienen otra vez, defendiendo una teoría que no tiene pies ni cabeza, y lo que es peor, no es probable que le dé votos en Pucela por más populista que pueda parecer el planteamiento. Es improbable que haya un solo vallisoletano al que le parezca razonable que se desatienda a esta enorme comunidad para potenciar una sola ciudad. Sólo a él se le ocurre imaginar un núcleo urbano rodeado de 94.200 kilómetros cuadrados, casi deshabitados. No mola nada andar por ahí diciendo que el Titanic se hunde y sólo hay un bote salvavidas, que se lo va a quedar  Valladolid y a los demás que les den.
Consumó su felonía el señor Puente, en el día de la euforia por la manifestación de la España Vaciada a la que imagino que ni acudió, ni apoyó en ningún momento. Tonto es un rato, pero parece que de hipócrita no se le puede acusar. Si acaso, como le dijo el secretario del PSOE de Soria, Luis Rey, de aspirante a ‘emperador’ de Castilla y León, que no es poco decir, sobre todo si se piensa que pertenece a un partido de raíz republicana y vocación social, que encaja poco o nada con las pretensiones aristocráticas de quien, sin mayoría absoluta, se hizo con el bastón de mando, y nada más; ni corona, ni trono, ni manto de armiño, en la capital pucelana.
Había pensado en proponer el nombramiento simbólico de ‘tonto de la semana’ a favor de Óscar Puente, si no fuera porque, como es reincidente, y por lo tanto no se puede hablar de un desliz o un malentendido, por elevación plantearé mejor que se le otorgue el galardón con carácter vitalicio y se le gratifique con unas vacaciones indefinidas en Armejún, pertrechado con botijo, manta de cuadros y candil para que se las vaya apañando mientras se consolida su imperio.
Para que no se aburra, le mandaremos, una vez por semana a Risto Meijide, que de paso aprenderá a identificar ese olor a choto que tanta gracia le hacía en el programa que perpetra en la tele. A este personaje, por cierto, que tuvo la desfachatez de argumentar que había dado visibilidad a la España vacía en el espacio que presenta, le iba a calificar de payaso, pero siento gran respeto los que lo son en el circo y no quiero que se sientan insultados.