CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Quim Torra se tambalea

Lo que no han conseguido los constitucionalistas, es probable que lo consigan los suyos: la CUP ha roto relacioness con Quim Torra y exigen la convocatoria de elecciones o una cuestión de confianza. Una y otra posibilidad podrían dejar al molt honorable sin la presidencia de la Generalitat.

No llorarán muchos catalanes si Torra deja su cargo. Nunca un presidente de la Generalitat ha acumulado más descrédito, ha dado más muestras de mediocridad y de sectarismo y se ha ocupado tan poco de los catalanes para promover una política de confrontación que no ha dado ni una sola satisfacción a los ciudadanos de su comunidad. La CUP es de los suyos, independentistas “enragés” que conocen muy bien cómo utilizar los resortes políticos. Obligaron a Artur Mas a renunciar a la presidencia del

gobierno porque la CUP solo apoyaría a un candidato que no fuera Mas.

Empezó entonces la desgraciada presidencia de Puigdemont, el fugado. Que señaló como sucesor con su dedo entonces todopoderoso a Quim Torra. En cuestión de días se decide el futuro de Torra, penoso personaje por su escasa altura de miras y peligroso porque esa escasa altura de miras le convierte en un monigote utilizado por los independentistas más radicales. Hasta que esos independentistas radicales se dan cuenta de que con Torra suman descrédito en lugar de méritos... y le abandonan.

Coincide el desafío de la CUP con la publicación del sondeo que ha hecho público el llamado CIS catalán, que al contrario de lo que ocurre con Tezanos, servil con Moncloa, en más de una ocasión ha dado disgustos a la Generalitat. Como ocurre ahora. Si se celebraran hoy elecciones en Cataluña las ganaría de calle ERC, seguida de Ciudadanos y con Junts pel Sí, el partido de Puigdemont y Torra, dejándose 10 escaños en el camino.

En cuanto a las elecciones generales, ERC incrementaría sus escaños, como el PSC, y baja Junts. No se puede cantar victoria porque el voto independentista sigue siendo alto, contundente y firme, lo que demuestra que el problema está lejos de ser superado; pero al menos los catalanes se han dado cuenta de que líderes como el ex presidente Puigdemont y el actual presidente Torra no conducen a nada bueno.

ERC es tan radical en su exigencia independentista como los partidos inventados por Puigdemont, pero al menos tienen un proyecto sobre el que discutir y además su líder Junqueras no ha cometido la cobardía de salir corriendo al extranjero. El futuro de los políticos en prisión preventiva –tan ligado al futuro del proceso independentista- se conocerá cuando finalice el juicio en el Tribunal Supremo, donde se han aclarado muchas cosas y otras en cambio se mantienen en la nebulosa a la que llevan las declaraciones discrepantes.

Pero de momento, a la espera de lo que digan los jueces, al menos hay una buena noticia que llevarse a la boca: a Quim Torra no lo quieren ni los propios.