DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


Revotarse

No se les ocurra revotarse, con uve. No, no estoy hablando de baloncesto ni se trata de una odiosa falta de ortografía. Lo digo con vistas a las elecciones generales del próximo 10 de noviembre pero no con el ánimo de “volver a votar”, sino con la definición literal que nos ofrece la RAE, aunque pronominal, de “votar lo contrario de lo que se había votado antes”. Desde la literalidad, es imposible votar lo contrario porque hay demasiadas opciones políticas aunque, si reducimos el espectro a lo más parecido al bipartidismo de antes, es decir, izquierda o derecha, parece más fácil.

Sea como sea, quizá estemos atrapados, porque si todos votásemos lo mismo o lo contrario que el pasado 28 de abril, la situación de bloqueo político se repetiría, salvo que, en estas semanas, los ‘políticos adolescentes’ se hubieran convertido en hombres de Estado, como dijo hace poco el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo.

De momento, cerca de 500.000 personas han pedido al INE que no les llegue propaganda electoral para que sus buzones conserven su más prístina pureza aunque, es probable que la batalla esté perdida de antemano, como ocurre con la publicidad comercial. (Si me permiten un consejo, la publicidad es estupenda para poner bajo la campana extractora).

Las próximas elecciones -las cuartas en cuatro años- nos costarán unos 140 millones de euros, sin contar con el desgaste psicológico que provocan los comicios y el hartazgo generalizado. Y es una lástima porque hablamos de un derecho maravilloso que costó mucho conseguir y que, a fuerza de inmadurez política, va camino de no volver a ser nunca esa manida ‘fiesta de la democracia’ a la que tanto se alude la víspera y el propio domingo de marras.

Lo peor de todo es que se dibuja un panorama en el que crece la abstención a ojos vista. Tiene su sentido pero creo que no debemos olvidar lo que significa vivir en democracia y votar. Si alguien duda, que piense en el 15 de junio de 1977, cuando el pueblo español acudió a las urnas con la memoria puesta en la Segunda República y el deseo de dejar atrás una dictadura de cuatro décadas. Aunque lo curioso es que se siga hablando tantísimo de Franco.


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