COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Casado regaña a los votantes de derechas

Si el presidente del PP no dimitió la noche electoral después de haber perdido estrepitosamente más de la mitad de los diputados con los que empezó la carrera y si no hubiera unas elecciones europeas autonómicas y municipales menos de un mes después de las generales, Pablo Casado debiera haber presentado la dimisión con carácter irrevocable en ese mismo momento.

La excusa de que se trataba del líder que menos tiempo llevaba al frente del partido, apenas nueve meses, parece más bien una excusa de mal pagador cuando desde el primer momento no ha ocultado que la impronta que quería imprimir a su partido era la de mirar a la derecha, acabar con cualquier resto del marianismo en todos los sentidos, tanto en las personas como para combatir el apelaivo de derechita cobarde con el que les denigraba VOX.

La idea del fracaso del PP queda reflejada en el radical cambio de estrategia que emprende el PP de cara a las próximas elecciones, con una vuelta al centro que probablemente no deje muy satisfecho a José María Aznar, padre político de Casado. El lema de las próximas elecciones Centrados en el futuro apenas dos días después de haberse declarado dispuesto a dejar entrar en un hipotético gobierno bajo su dirección a VOX, solo puede darse por bueno si se cree en el poder taumatúrgico de las palabras y que solo con nombrarlas cambia la realidad. Lo cierto es que el PP ha pagado su derechización y haber dejado el discurso de la moderación al PSOE.

La re-conversión al centro de un día para otro no será creíble hasta que se convoque un nuevo congreso o una convención política que ponga negro sobre blanco las premisas ideológicas del nuevo PP, y si llega el caso elegir un nuevo líder que las desarrolle porque Pablo Casado quizá ya está marcado por el fracaso del 28-A, que solo debiera atribuir a su error estratégico, que además venían anunciando todos los sondeos. Y eso a pesar de que sus competidores en el campo de la derecha no han cumplido las expectativas.

La preocupación, cuando no el desánimo, es la nota común a todos los barones con mando en plaza autonómica y municipal de los populares, porque se van a enfrentar a unas elecciones con el recuerdo del voto muy reciente y porque han visto como los socialistas ganaban en provincias en la que no lo hacían desde hace treinta o veinte años, y que pueden dejar pequeña la debacle de 2015 cuando los pactos entre PSOE y Podemos les impidió acceder al poder en muchos lugares.

Pablo Casado ha afirmado haber tomado nota de lo ocurrido y que está dispuesto a volver a los valores del PP. Ocurre que ahora no se sabe cuáles son esos valores, si los que heredó de Rajoy o los que él mismo trato de implantar con la vista a la derecha por la presión de la extrema derecha, un calificativo que le ahorró a VOX durante toda la campaña. Pero sus partidarios presentes o pasados se deben temer lo peor, porque lejos de una lógica autocrítica el presidente del PP ha puesto el foco en los propios votantes que a su entender se habrían equivocado y a los que ha pedido que se pregunten ”a qué ha conducido su voto” y al renegar ahora de las tres derechas con las que hasta anteayer esperaba gobernar, arrogándose el centro y enviando a Ciudadanos y a VOX a sus extremos con el reconocimiento de la que fractura en el centroderecha es ya irreparable.


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