Moda y complementos de la mujer romana

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Las esculturas y pinturas murales muestran la variedad de ropajes

Moda y complementos de la mujer romana

La mujer romana, con independencia de su trabajo relacionado con la vida doméstica y familiar, tenía un especial cuidado de su imagen, cuya intensidad y calidad de sus adornos dependía de su clase social. El arreglo personal y el adorno eran muestra del status de las clases nobles y ello tenía un valor de clase y política. El adorno permitido a la mujer, como siempre, dependió y estuvo marcado por normas morales que diferenciaban también el lugar que la mujer ocupaba: soltera, casada e incluso viuda. 
Las esculturas y pinturas murales muestran  la variedad de ropajes: el peplo, chitón, himatión, atola, palla... que utilizaban en diversos momentos de la vida. Pero la moda no solo  significaba cubrir el cuerpo con determinados tipos de vestimenta y las telas empleadas para ello. También incluía los adornos y el maquillaje. Este se realizaba con fórmulas que mezclaban urea, grasas de animales y otros elementos  que daban color. También utilizaron perfumes. 
Las dominas romanas, las mujeres del ciudadano romano, tenían normalmente una ornatrix, una esclava que hacía las labores de peluquera, maquilladora y ayudante, a su servicio. 
Moda y complementos de la mujer romanaModa y complementos de la mujer romana - Foto: El peinado era especialmente cuidado por las clases altas. El pelo largo no era aceptado excepto en el caso de las prostitutas. Las mujeres de la familia imperial dictaban la moda. Los modelos de peinado eran copiados por las ornatrix y se replicaba a lo largo del  imperio.  Las modas cambiaban con rapidez, tal y como vemos en los retratos y representaciones femeninas a lo largo del imperio; desde los más sencillos como el de Livia, mujer de Augusto, a los más complicados y espectaculares, como el llamado «nido de avispa», en boga en época Flavia entre los años 68 y 98 d.C. No obstante, los más complicados se reservaban para los actos de vida social. 
El cuidado del cabello era tan determinante que cuando Julio César llevó esclavos rubios procedentes de la guerra de las Galias, por todo el imperio se propagaron unos tintes rubios que sustituyeron al color  rojizo que se usó antes.
Las mujeres solteras solían llevar el pelo recogido de modo sencillo.  Las mujeres casadas como elemento diferenciador, solían portar un peinado llamado sex crines, que posteriormente llevarían las vestales y las sacerdotisas. Este peinado se formaba con consistía en seis trenzas anudadas con una cinta, que se conocía como tutulus. Aunque no fue el único usado por las mujeres casadas, era el más sencillo y cómodo para la vida cotidiana. Los peinados se mantenían  utilizando agujas y cintas, a veces aña