COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Una legislatura llena de incógnitas

Comienza hoy la XIII Legislatura de una forma atípica, con la presencia de cuatro diputados y un senador que están siendo juzgados por rebelión por haber tratado de separar a una parte de España del conjunto del país. Esta anomalía es, sin embargo, sinónimo de la normalidad con la que se ejerce la separación de poderes, del respeto a sus derechos civiles y la demostración de que no se les juzga por sus ideas sino por sus presuntos delitos. Lo que ocurra con ellos a partir de hoy, la posibilidad de su suspensión, será también una decisión adoptada con el informe jurídico pertinente.

De este hecho dependerá uno de los primeros actos de la legislatura, la investidura del próximo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Si hay suspensión de su condición de esos cuatro diputados independentistas encarcelados, los socialistas solo tendrán que convencer a Coalición Canaria para que lo apoye, dando por hecho que PNV, Compromis y PRC lo harán, más Unidas Podemos. Le sobraría un voto par una mayoría absoluta sobre 346 escaños. Si los independentistas catalanes de ERC y JxCat actúan con rapidez y sustituyen a los diputados suspendidos volverá a vivirse un período con la preocupación por la consecución del diputado 176 que permita la mayoría absoluta, o conseguir la abstención de independentistas catalanes o vascos con el riesgo de que haya que pagar contrapartidas.  

O en el colmo del empecinamiento, si ninguno de los partidos llamados a ser oposición de su brazo a torcer podría reproducirse la situación creada tras las elecciones de 2015 y que hubiera que repetir las elecciones. Las enseñanzas de aquella ocasión están claras aunque los políticos  pueden tropezar dos veces en la misma piedra con el consiguiente desencanto de los ciudadanos y las consecuencias políticas que se conocen para los responsables del bloqueo.  

Más difícil, aunque no improbable es que pueda volver a darse una moción de censura con posibilidades de salir adelante, aunque para eso se tendría que producir un amancebamiento de partidos irreconciliables, por ejemplo, que VOX votara con ERC, pero ya se sabe que la política hace extraños compañeros de cama. En cualquier caso los socialistas, como hicieron los populares se han garantizado la mayoría de la mesa de las Cámaras para no sufrir la obstrucción padecida durante los ocho meses de gobierno tras la derrota de Rajoy.   

Lo que parece fura de dudas es que volverá a ser una legislatura crispada. Con el PP en horas bajas con Ciudadanos disputándole la primogenitura como primer partido de la oposición y con una posición irreconciliable hacia Sánchez que le ha cerrado la puerta hacia La Moncloa y ambos pendientes de cualquier movimiento que puedan realizar los independentistas para atribuir a Sánchez la connivencia con ellos, o peor aún, su vasallaje, está garantizado que en la derecha van a estar muy preocupados en resolver sus tensiones internas, lo que puede ir en detrimento del debate sobre pactos de Estado necesarios o sobre la resolución de cuestiones pendientes y que no aguantan más tiempo sin abordarse, como la financiación autonómica.

De los independentistas catalanes y vascos solo pueden esperarse movimientos que pondrán en un brete al Gobierno en la cuestión territorial. O regalos envenenados.


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