Cuatro décadas sumando

Nuria Zaragoza
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Cinco policías cuentan a El Día de Soria su experiencia profesional. Cuando se cumplen cuatro décadas de la llegada de la mujer a la Policía, la integración es «plena», consideran. Eso sí, quedan algunos retos, como es llegar a la cúpula

Cuatro décadas sumando - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez.

España se desperezaba  de años de Dictadura cuando, en plena Transición, el BOE publicó la convocatoria de pruebas de selección para el entonces Cuerpo Superior de Policía en la que, por primera vez, se reservaban cien plazas a «miembros femeninos». El 30 de junio de 1979 juraban el cargo las 42 mujeres integrantes de esa primera promoción. La Policía era el primer cuerpo superior de seguridad del Estado al que ellas accedían [en la Guardia Civil tardarían casi una década en llegar].
Ellas abrían la puerta y, cuarenta años después, las mujeres representan el 15% de la plantilla de la Policía Nacional en España. En Soria, la primera mujer uniformada se incorporó en agosto de 1997. Hoy la presencia femenina ronda el 13% de la plantilla.En concreto, de los 101 funcionarios que operan en la Comisaría Provincial, trece son mujeres. A estas habría que sumar «otras tres más que se encuentran de baja por maternidad», matiza el jefe accidental de la Comisaría, Carlos Carazo, quien habla de «total integración» y felicita la llegada de la mujer al Cuerpo por «todo lo que suma». «El componente femenino, ese componente de tacto, esa otra mitad, es un diez y es necesaria. Es una complementariedad total», resume. «Son tan importantes que llegamos a planificar [el trabajo] repartiéndolas por turnos y unidades, para que puedan atender al ciudadano», asegura. 
en primera persona. Cinco policías cuentan a El Día de Soria su experiencia. Ocupan diferentes puestos y están en unidades distintas. Tienen experiencias diversas pero todas coinciden en algo: tras 40 años de historia se ha logrado la «plena integración» y no se viven «situaciones de discriminación» ni entre los compañeros ni tampoco en la calle. Eso sí, reconocen, quedan algunos aspectos en los que hay que seguir avanzando: «No solo que entren más mujeres en la [escala] básica, que eso está muy bien y por ahí se empieza, sino que se animen también a ascender», apunta la inspectora jefe Hernández. Porque «aún tenemos el reto en lo que es la cúpula, en los mandos, donde todavía somos muy pocas. Por ejemplo, hay nueve comisarias principales de un total de 127». 
Es el principal desafío porque, comparten todas, hoy en día el papel de la mujer en la Policía Nacional es ya incuestionable. ¿Aporta algo especial al Cuerpo?, les preguntamos. Y la respuesta es unánime. «Por supuesto. Cuando yo entré, por ejemplo, había el problema de que en algunos turnos a lo mejor faltaba una mujer y había cosas concretas, como el cacheo de una detenida, que era complicado. Es un problema real», indica Hernández, quien acumula más de 20 años de experiencia. «Luego, cuando te enfrentas a un víctima, según qué caso sea, la mujer tiene más sensibilidad y puede acercarse más», añade. 
La policía Fernández da fe de esta situación. Desde su puesto en la UFAM (Unidad de Familia y Mujer) observa a diario que «hay víctimas que, cuando cuentan lo que les ha pasado, prefieren que sea una mujer la que les escuche, sobre todo en determinados delitos como las agresiones sexuales por parte de un varón. Contárselo a otro hombre a veces les hace sentir incómodas y piden incluso quedarse a solas con una mujer», especifica. 
Son situaciones puntuales porque, reconocen todas, en el día a día «la realización de los trabajos es igual». «Yo nunca me he sentido inferior ni  he sentido que no quieran salir conmigo a patrullar, al contrario», insiste la policía Astorga, quien opera en Seguridad Ciudadana y garantiza que tampoco ha sentido rechazo por parte de la ciudadanía: «Cuando voy a las intervenciones con compañeros, a veces, igual hasta se me respeta más que a ellos», añade. 
Las nuevas generaciones han llegado ya en una situación de «plena normalidad», admite la policía en prácticas Castillo. Pero no siempre fue así. Las que acumulan más años de experiencia echan la vista atrás y reconocen importantes «avances» en cuestiones como la maternidad. «El derecho que ahora ya está consolidado de pasar directamente a otro puesto [con menos riesgo] cuando te quedas embarazada, o quitarte las noches, antes no lo había», rememora la inspectora jefe. La inspectora Pérez lo vivió en primera persona en su primer destino:«Estaba embarazada de ocho meses y el comisario me mandó a las tantas de la madrugada a la discoteca más grande de Ibiza». Afortunadamente, su superior tuvo más sensibilidad y «colocó a cuatro compañeros alrededor mío, a modo de cápsula», apunta entre risas. Después, y estando ya en Extranjería, «he ido embarazadísima a clubs de alterne», apunta. Eso sí, «ahí ha sido porque yo he querido hacerlo». Porque, ante todo, son policías.