DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


El prodigio de la cultura de calidad

Cuando el sábado pasado TVE arrancaba con la emisión de un nuevo talent show de nombre ‘Prodigios’, no eran pocas las personas que dudaban del éxito de audiencia de un programa en horario ‘prime time’ durante la noche de los sábados. Toda una apuesta que, a la vista de los excelentes resultados (un 12 por ciento de cuota de pantalla), ha acabo por despejar no sólo las dudas de los más incrédulos, sino que ha supuesto un cambio mental sobre la atávica estupidez de que la cultura no vende. ¡Toma ya! ‘Prodigios’, magníficamente conducido por un todo terreno como es Boris Izaguirre, con la colaboración de una actriz de raza como es Paula Prendes, es el programa más visto en sábado en la cadena pública en el último lustro, con una audiencia media de 1.500.000 espectadores y con picos de más de 5,5 millones de televidentes, agitando las redes sociales hasta recabar infinidad de mensajes espontáneos de agradecimiento por un formato tan distante de los programas basura.
‘Prodigios’ supone, por ello, todo un soplo de aire fresco en medio de tanta mediocridad televisiva, en la que el morbo y la falta de talento ocupan amplios espacios de emisión. Un programa familiar, cercano, donde las disciplinas de canto, instrumento y danza clásica, han dado la vuelta como un calcetín a las retrógradas creencias de que la música sinfónica y el canto lírico no entusiasman al público en general. Cierto es que al éxito de este programa contribuye el acierto de haber nombrado como jurado a unos profesionales de enorme talla humana: Nacho Duato, Ainhoa Arteta y Andrés Salado. Nada es casualidad cuando las cosas se hacen desde el cariño y el culto al esfuerzo, con la participación de una treintena de niños de entre 10 y 16 años alejados de estereotipos elitistas. Más bien todo lo contrario.
Y, por supuesto, en la cuadratura del círculo intervienen también otros factores como son el marco elegido, el auditorio del Centro Cultural Miguel Delibes, y la calidad de una orquesta, la OSCyL, referencia nacional y europea en el panorama sinfónico.
Algo, por fin, está cambiando en esa concepción errónea de que las cuotas de audiencia no casan con la cultura. Esto también es todo un prodigio.