CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


Insidias contra Sánchez

En declaraciones a un periódico de difusión nacional el ministro de Asuntos Exteriores en funciones y cabeza de lista del PSOE a las elecciones europeas, Josep Borrell, denuncia la actitud "totalitaria" y el "sectarismo" de los independentistas catalanes. "No son de fiar", dice en relación con el reciente veto del Parlament a Miquel Iceta, que debía haber sido designado senador autonómico antes de materializar su candidatura a presidir la Cámara Alta, que ha quedado malograda. 
Así responde también a las críticas que posteriormente hicieron los independentistas a las propuestas de Meritxell Batet y Manuel Cruz, para presidir el Congreso y el Senado, respectivamente, tras la sesión constitutiva de este martes. 
Pedro Sánchez comparte el pensamiento de Borrell sobre lo que puede dar de sí un eventual acercamiento al independentismo en nombre del diálogo y las soluciones dialogadas dentro del marco constitucional. De hecho, los nombres de Borrell, Iceta, Batet y Cruz, han sido puestos en danza como al fin de dar visibilidad a la Cataluña que razona y quitársela a la Cataluña que ladra los sueños tribales aireados por Puigdemont, Rufián, Junqueras, Torra, Gispert y compañía. 
El propio presidente de la Generalitat despachó el asunto con un ladrido inútil que se agota en sí mismo. A saber: "Lo que nos importa es tener un presidente de la republica catalana", dijo mientras mostraba una total indiferencia respecto al hecho de que Borrell, Cruz o Batet sean catalanes ocupando puestos relevantes en las instituciones españolas y europeas. 
Este tipo de actitudes son los que han llevado a Sánchez a hacer todo lo posible para que, en el arranque de la Legislatura, los independentistas fueran excluidos del gobierno de las Cámaras, pero sin cerrarse al diálogo. En este punto las tres derechas han decidido desplegar un insidioso discurso sobre pactos secretos y complicidades sin cuento con el PSOE. 
A propagar esa insensata sospecha se dedican con particular empeño tanto Pablo Casado como Albert Rivera. Han llegado a insinuar que lo ocurrido con Iceta -el veto del Parlament- ha sido una especie de teatrillo. Y como la insinuación se hace en nombre del apego de PP y CS al orden constitucional, el presidente en funciones se ha visto obligado a responder que "la Constitución es la patria de todos". 
El relato de la derecha carece de base. Si hubiera complicidades para ganarse su apoyo en la investidura no andaría el Gobierno recordando que la matemática ofrece a PP y Cs la posibilidad de impedirlo. Ni Sánchez sería tan concluyente y tan rotundo cuando se refiere al innegociable marco constitucional y estatutario donde no cabe el derecho de autodeterminación ni el referéndum para decidir la desconexión de una parte del territorio nacional. Pero sí cabe el diálogo como método de una política cuya resultante siempre tendrá que ver con el autogobierno de Cataluña. Nunca con la independencia.  


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