DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


Más incertidumbre para el 26-M

Hay que reconocer que los resultados electorales del domingo no han dejado indiferente a nadie. Además del récord de participación, con picos superiores al 80 por ciento en varios pueblos y barrios de Castilla y León, los recientes comicios dibujan con trazo grueso un escenario que, justamente a escasas cuatro semanas de la nueva cita con las urnas paras las municipales, autonómicas y europeas, se vislumbra aun más incierto e inquietante.

Soy de los que piensa que lo que se juega el 26-M es un partido con pelotas nuevas, en términos tenísticos. Pero nunca como ahora van a pesar los ánimos de los votantes y de las expectativas de los partidos en liza. Y así es porque, más allá de la extrapolación de los votos cosechados por los partidos el pasado domingo y su correlación en unas elecciones locales y autonómicas a la vuelta de la esquina, la nueva cita se va a celebrar en un ambiente contrapuesto de euforia y decaimiento a partes iguales entre los partidos tradicionalmente mayoritarios y donde Ciudadanos va a tener cada vez más capacidad para inclinar la balanza final en un sentido u otro.

Todo puede suceder, pero no es descabellado afirmar que, a la vista de los resultados de las generales, el candidato de Cs, Francisco Igea, tiene más papeletas que antes para ser vicepresidente de la Junta de Castilla y León, bien con un presidente socialista o bien con un presidente ‘popular’ si ambos son capaces de limar las diferentes asperezas. La opción de un gobierno del PSOE con Ciudadanos pasa en la Comunidad por ese discurso que proclama el punto y final de 33 años de gobierno continuista del PP para abrir todas las ventanas de una Administración monocolor durante tanto tiempo. Mientras que la opción que encabeza Fernández Mañueco se sustenta en evitar en las Cortes el ‘sorpasso’ socialista, cediendo después protagonismo a Cs. Tengo que decir que no veo a Vox como llave del gobierno, ya que muchos votantes de este partido ultra el domingo no repetirán el signo político de su sufragio en las autonómicas.

O sea, mayor incertidumbre no cabe.