Carmen Hernández

Periodista


Perikopés (II)

Los griegos, que inventaron Europa, están un poco hartos de que Europa los mangonee. El mito cuenta que Zeus, prendado de una mujer fenicia que se llamaba así, la raptó convertido en toro blanco y se la llevó a Creta. Ahora, van de negro y no son dioses sino inspectores que la han trasladado a Bruselas pero se presentan en Atenas cuatro veces al año para revisar las cuentas helenas y asegurarse de que el gasto se mantiene en los límites marcados por la troika -quizá los clásicos dirían triada-, la Comisión Europea, el FMI y el Banco Central Europeo.
Después de tres rescates, Grecia salió oficialmente de la crisis hace un año pero a un precio muy alto que sigue pagando hoy: el ‘perikopés’ que, en griego, suena muy académico pero que supone recortes de un 40%  en salarios y pensiones y en la mayor parte de los servicios públicos; consecuencia: unas 300.000 empresas han cerrado en 10 años, el paro juvenil es del 40% y la renta media, de 600 euros por no hablar de la pobreza que ha subido hasta el 35%.
 La izquierda radical de Syriza que ganó las elecciones en 2015 prometió terminar con las políticas de austeridad impuestas por Bruselas y un referéndum posterior avaló este compromiso con el 62% de los votos. Pero Syriza no ha cumplido -simples mortales que no han osado desobedecer a la divina triada (perdón,troika)- por miedo a la bancarrota o al ‘Grexit’. Para aliviar la situación de los sectores más humildes han cargado a las clases medias con el peso de la crisis y previsiblemente perderán las elecciones generales en favor de los conservadores de Nueva Democracia. Eso dicen los sondeos pero también que los votantes no ven muchas diferencias entre unos y otros porque los que de verdad mandan son los ‘hombres de negro’.
Y, dadas las circunstancias, y como es la primera vez que hay comicios en verano, en plena temporada turística, los analistas se preguntan si los ciudadanos decidirán ir a votar o marcharse a la playa.