Tel Aviv, capital del estilo Bauhaus

Pablo Duer (EFE)
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La ciudad hebrea cuenta con cerca de 4.000 edificios de esta corriente, muchos de ellos construidos en los años 30 y 40 del siglo XX

Un ejemplo de las construcciones en la capital de Israel. - Foto: Pablo Duer

La arquitectura Bauhaus cumple este año un siglo y hace 90 años que llegó a Tel Aviv de la mano de inmigrantes judíos europeos, fundamentales en la construcción de la urbe y responsables de los casi 4.000 edificios de este estilo que hay erigidos en esta ciudad hebrea.
Tel Aviv es conocida internacionalmente por sus playas, su gastronomía, su atmósfera festiva y su apertura a la comunidad LGTB, entre muchas otras características. Sin embargo, uno de sus atractivos más característicos aunque inesperado no está en bares, restaurantes o discotecas sino escondido a la vista de todos, en la fachada de miles de edificios declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco debido a su estilo arquitectónico: el modernista Bauhaus.
«Durante los años 30 y 40, judíos de Alemania tuvieron que dejar el país y vinieron a lo que entonces era el Mandato Británico de Palestina», explica el director del Centro Bauhaus de Tel Aviv, Micha Gross, sobre la migración de hebreos generada por el Holocausto, que trajeron consigo este estilo, visible particularmente en lo que hoy es la zona céntrica de la principal capital del país, conocida como Ciudad Blanca por el color de la mayoría de los edificios de este estilo.
El Bauhaus se caracteriza por su practicidad, minimalismo, su uso del color blanco y su corte asimétrico. El Bauhaus se caracteriza por su practicidad, minimalismo, su uso del color blanco y su corte asimétrico. - Foto: Pablo DuerSin embargo, enfatiza Gross, «los arquitectos que construyeron la Ciudad Blanca, no eran solo de Alemania sino que había muchos de Europa del Este».
Tel Aviv fue fundada en 1909, una década antes de que el alemán Walter Gropius creara esta corriente, que tuvo una preeminencia importante en años de mucha construcción en la urbe debido a la enorme llegada de inmigrantes que huyeron de Europa antes y durante la Segunda Guerra Mundial.
El Bauhaus se caracteriza por su practicidad, su minimalismo, su uso del color blanco y su estilo asimétrico y, específicamente en Tel Aviv, también por la forma de sus amplios balcones y su variedad de recursos para hacer sombra y proteger del calor.
La ciudad es hoy la que cuenta con el mayor número de construcciones de este estilo en el mundo, incluyendo no solo edificios residenciales sino sinagogas y hasta fábricas.
«Esto es algo único y, por eso, la declararon Patrimonio de la Humanidad. No existe algo así en otro lugar», remarca Micha, cuyo centro organiza paseos para turistas que llegan de todo el mundo para observar la gran presencia de una arquitectura tan europea en el corazón de Oriente Medio.
Algunos de los profesionales más destacados de Tel Aviv en este período y que utilizaron este estilo fueron los ucranianos Dov Karmi, Zeev Rechter y Genia Averbuch; los alemanes Richard Kauffmann y Erich Mendelsohn; y Arieh Sharón, uno de los arquitectos más importantes de la Historia del país, que construyó dos de sus principales hospitales y fue discípulo del propio Gropius en Alemania.
El Bauhaus, que además de su presencia en Tel Aviv se ha extendido a otras partes del país, es considerado hoy en Israel mucho más que un estilo arquitectónico: es un símbolo de sus orígenes.
«Es parte de nuestra Historia y tradición y es de mucha importancia cuidarlo y mostrarle a la generación actual que en los años 30 y 40 había gente con una visión laica de la vida. Son los abuelos de nuestra nación», remarca Gross, quien señala, sin embargo, que el Bauhaus cubre menos del 10 por ciento del área de la actual municipalidad de Tel Aviv , donde la influencia árabe se mezcla con enormes rascacielos.
La gentrificación de la ciudad, en parte debido a su rápido crecimiento demográfico y económico, ha modificado velozmente su apariencia pero no amenaza a la Ciudad Blanca, protegida no solo por la Unesco sino por la llamada Ley de Preservación, que alcanza a cerca de la mitad de los 4.000 construcciones de este estilo.
«Esta norma prohíbe la destrucción de estos edificios y obliga a que cualquier trabajo de restauración se haga en conjunto con el departamento del Ayuntamiento encargado de su preservación», añade Gross, quien no obstante teme por el futuro de la Ciudad Blanca, donde «los precios no paran de subir» al punto de que «al final solo gente muy rica podrá vivir allí».