TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


La diáspora

El prisionero de guerra, custodiado en un hospital militar, recibió una mala noticia: «Tiene usted el brazo gangrenado, hay que amputarlo». Y él, conservando la calma, pidió que por favor lo enviasen a su pueblo natal, a casa de su abuela, para que ella guardase un recuerdo de su pequeño nieto. Volvió a suceder con una pierna, después con la otra y luego con el otro brazo. Y el mismo proceso con todas las extremidades (gangrena, amputación y envío a la abuela) hasta que un sargento preguntó a su superior: «¿No le da la sensación, mi coronel, de que el prisionero se nos está escapando poco a poco?».

Recuerdo a Eugenio y uno de sus grandes chistes-monólogo en medio de la diáspora del Atlético. El once de aquella final (Europa League 2012) con la que el cholismo reclamó su plaza en el olimpo del fútbol moderno era: Courtois; Juanfran, Godín, Miranda, Filipe; Mario, Gabi, Arda, Diego; Adrián y Falcao. Jugaron Koke, Domínguez y Salvio. Queda el recuerdo y dos piezas mal contadas. Los jugadores salen. La vieja guardia de Simeone (primero Raúl, luego Gabi, hoy Godín y Juanfran) e incluso la nueva (la espantada de Griezmann, el amenazante gancho dorado de la Premier colgado sobre Rodrigo, Saúl y compañía…) van cayéndose de la mesa pero al colchonero le gustaría decir que el cholismo permanece.

Pero, ¿se puede hacer cholismo sin ellos, sin los jugadores que le dieron cuerpo a la idea? Cuanta mayor ha sido la pretendida sofisticación del proyecto, mayor el fiasco. El plan de Simeone require tipos de hambre, pierna dura y humildad. Lo contrario de algunas vedettes que han vestido de rojiblanco desde que en 2014 el Atleti lo cuestionó todo ganando la Liga y (casi) la Champions. Rehacer el equipo sin «mis jugadores», como denominó Simeone a sus terratenientes, será muy complicado.