Óscar Gálvez

Periodista. Director editorial Castilla y León Promecal


47 meses de deseable estabilidad

La triple convocatoria a las urnas a la que hoy estamos llamados los ciudadanos cierra el periodo electoral más intenso vivido jamás en la democracia. En sólo 28 días se han celebrado todos los tipos de elección posibles en nuestro país, a excepción de Cataluña, País Vasco, Andalucía, Galicia y Comunidad Valenciana, cuyos procesos para elegir gobiernos autonómicos están sujetos a otra cuenta atrás. Siendo relevante esta circunstancia, porque esta doble cita lo que va a permitir es medir la capacidad y la intensidad de respuesta de los ciudadanos ante un escenario extraordinario —a ver qué participación se registra hoy— lo verdaderamente importante es que también sirva para abrir el ciclo más largo sin tener que volver a las urnas. En circunstancias normales, el horizonte debería estar despejado de convocatorias electorales para los castellanos y leoneses para los próximos 47 meses.
 Nunca antes hemos tenido ante sí una oportunidad para la estabilidad como la que se tiene que empezar a fraguar mediante el diálogo desde mañana. Ya no porque las Legislaturas de 2008, 2015 y 2016 se interrumpieran prematuramente por causas de distinta naturaleza, sino porque entre unas y otras el calendario fue intercalando, puntuales como un reloj suizo, las de carácter local, autonómico y europeo, que terminaban convirtiendo cualquier periodo entre una elección y otra en un estado de campaña política permanente. Con ello, toda acción de Gobierno en cualquiera de los ámbitos ha estado condicionada durante años a la proximidad de la siguiente llamada a las urnas, con lo que conlleva de supeditar en grado mayor de lo admisible los intereses partidistas y electoralistas a los generales de la ciudadanía. 
La gran duda que surge ahora es si la necesidad para los ciudadanos de que todos los gobiernos a constituir en las próximas semanas tengan estabilidad es coincidente con el interés de los partidos políticos por que así sea. Que retornemos a un estado de relativa calma o continuemos por la senda de la agitación permanente está en manos de una clase política a la que le cuesta más interpretar las derrotas que las victorias. Si fundamental es que los gobiernos que puedan apuntalarse mediante pactos sean lo más sólidos y consistentes posibles, además de responsables, abiertos a la ciudadanía y sin espacio para los sectarismos, no es menos necesario que aquellos que vayan a ocupar el espacio de oposición entiendan que deben ejercerla con espíritu constructivo, con responsabilidad. Pero también es imprescindible que en la lógica necesidad de preparar su oportunidad como alternativa se olviden de las prisas, tanto si es en el objetivo de recuperar el poder perdido como por haberse quedado a las puertas de un cambio. Mañana empezaremos a vislumbrar algo. 



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