TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Vuelve Julen

Gente que cae de pie, gente con estrella, gente con una vida de viento de popa, gente que flota mientras todo se hunde a su alrededor, gente con duende y fortuna, el que aparca en la puerta, el que busca treinta y unas con un siete y un cuatro y engancha dos figuras, ese capullo (habla la envidia) de los Euromillones, al que le abren la caja al lado en el supermercado, el tipo o tipa -es real- al que un radar fotografió por exceso de velocidad y el ala de una gaviota tapó la matrícula, el que rascó la pintura del tercer ojo a Miss India -esta ya es chiste- y le tocó un coche… y Julen Lopetegui, nuevo entrenador del Sevilla.

Ésa es la sensación que maneja el planeta fútbol: que Julen ha tenido la inmensa fortuna de que quizás Monchi se golpease la cabeza de regreso a Nervión y lo haya elegido para capitanear el europroyecto sevillista de la 19/20. Que tiene que ser él y no otro quien le dé un estilo definido y ganador al club que quiere reconquistar esa cuarta plaza y lustre de equipo Champions.

Y esta circunstancia, que suena a locura y no ha caído precisamente suave en el Pizjuán, tiene un origen personal y no deportivo, pues es el tipo que se dio el piro en la antevíspera de un Mundial a cambio de un puñado de dólares del Real Madrid, aquél a quien le dieron una milésima parte de lo prometido (un solo ejemplo basta: a Mariano, y el último día, para sustituir a Cristiano Ronaldo) y lanzaron contra los leones, la opinión pública y crucificaron después con aquella carta redactada por algún psicópata en la que se justificaba el fracaso de Lopetegui en los «ocho nominados al Balón de Oro» que tenía la plantilla… Pero Monchi recuerda que Julen, justo antes de todo el lío, era un gran entrenador querido por todos. Es lo que muchas veces nos quita el fútbol y sus incontrolables pasiones: perspectiva para juzgar a alguien más allá de nuestros odios y manías.


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