CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


Saludables presiones

No discutamos el impacto de las presiones sociales, políticas y mediáticas sobre el fallo del Tribunal Supremo porque han sido muy claras, palmarias y verificables. Al menos, en grado de tentativa, aunque personalmente creo que finalmente han condicionado el desenlace. 
Hablamos de la revocación de dos sentencias anteriores (Audiencia Provincial y Tribunal Superior de Justicia de Navarra), al cambiar la calificación fáctica anterior. 
Antes se quedó en abuso sexual con prevalimiento. Suponía una condena de nueve años de cárcel. Ahora es de delito continuado de violación ("Cualquier forma de penetración no consentida"), por el que los cinco acusados ya han reingresado en la cárcel para cumplir una condena de quince años cada uno. 
Es lo que dice el fallo que conocimos la semana pasada. Estamos a la espera de conocer la sentencia completa, su argumentación y las conclusiones. Aún tardará varias semanas. Pero entretanto me atrevo a sostener que en el agravamiento de la pena ha influido el clamor social, político y mediático contra la abominable conducta de esos cinco machos con antecedentes violentos que celebraban sus andanzas machistas en las redes sociales. 
Entiendo que ni la política ni los medios de comunicación pueden dedicar una mirada distraída a una patología social como la violencia machista. O simplemente la prevalencia del hombre sobre la mujer que, por desgracia, aún deja ver su impronta en nuestra huella cultural. Lo suyo, lo deseable es tratar de afrontar esa patología. Para curarla, por supuesto. 
Pero, a lo que iba, precisamente al hilo de las declaraciones del líder andaluz de Vox, Francisco Serrano, que hizo el siguiente comentario al conocer el pronunciamiento del TS respecto al caso de la Manada: "El fallo está cargado de condicionamientos mediáticos y políticos". 
En ese punto es donde uno comparte la valoración de este juez en excedencia. Por distintas razones, claro. Porque hay buenas razones para celebrar la existencia indiscutible de esos condicionamientos. Gracias a ellos no se ha perdido en los recovecos legales de una justicia patriarcal lo ocurrido en aquel cubículo minúsculo durante los sanfermines de 2016. Un "auténtico escenario intimidatorio en el que la víctima en ningún momento consiente los actos sexuales llevados a cabo por los acusados", tal y como se describen los hechos en el fallo del Tribunal Supremo que conocimos la semana pasada. 
Gracias a esos condicionamientos podemos compartir ahora el voto particular de aquel juez que inscribió los hechos en "un ambiente de jolgorio y regocijo". También podemos celebrar tanto el acortamiento de distancias entre la Justicia y el sentir de la opinión pública como el salto adelante en la profundización de un concepto permanente e innegociable, del mundo civilizado: la libertad.  


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