CARTA DEL DIRECTOR

Iván Juarez


Las venas abiertas del PP soriano

Una semana más el PP de Soria se ha dado una excusa para no abordar lo realmente importante: elaborar una propuesta convincente para volver a mandar en la provincia o tratar de inquietar a un Carlos Martínez que ve desfilar desde su atalaya a los cadáveres de sus enemigos políticos. Porque Yolanda de Gregorio está más cerca de haber sido pasado sin haber sido presente; su futuro en cualquier caso no es prometedor ni el de las siglas que representa. El primer edil capitalino sigue enfrascado en sus cambios de aceras y en el anuncio de proyectos, unos más quiméricos que otros, agarrándose a esa sentencia tan pronunciada por politólogos de distinto pelaje, adjudicada a Napoleón Bonaparte, que reza «cuando tu enemigo se está equivocando, no le distraigas ». De Yolanda de Gregorio se sabe que está inédita en el ámbito de la capital soriana, presentada como una alternativa batalladora, un martillo y tormento para el equipo de Gobierno socialista, su efecto se ha diluido por la falta de entusiasmo, nunca quiso ser candidata a la Alcaldía, y por los esfuerzos dedicados a recomponer o a dotar de estabilidad a un partido del que nunca ha tenido el control.

El revés del Comité Nacional a la propuesta de Soria a las listas del Senado ha sido otro clavo más en el ataúd de una formación que ha evidencia su más profunda división en el peor momento, con la connivencia de Madrid empeñado con su intervencionismo en poner en cuestión el liderazgo de sus líderes territoriales. La decisión de incluir a Marimar Angulo como candidata a la Cámara Alta en lugar del actual concejal José Manuel Hernando, abre una brecha de consecuencias incalculables e irreparables y deja claro a Yolanda de Gregorio que, si no pega el portazo como tal vez debería, ha de aprender a lidiar con la pertinaz sombra de su predecesora a la que creía derrotada. De Gregorio ha vivido desde su nombramiento como presidenta del partido en Soria deslumbrada por los focos, por su exposición mediática, las buenas palabras, las falsas sonrisas y protagonizando un ejercicio de menosprecio hacia, pese a quien pese, una figura protagonista en los últimos años y avalada por los resultados de un congreso provincial en el que barrió a Antonio Pardo. Más eficaz hubiera sido integrar en las listas de inicio a Marimar Angulo (si algo no debe permitirse un dirigente es actuar por venganza) para evitar el oprobio posterior o al menos por una cuestión estratégica que pasa por tener al enemigo cerca. La situación no es nueva y ya la sufrió en sus propias carnes la propia Angulo cuando trató de apartar a Jesús Posada y éste acabó por obra y gracia del aparato presidiendo el Congreso . Si bien la elección de Tomás Cabezón, amigo de Casado, para sustituir a un histórico de la Cámara Baja puede verse como parte de la renovación de las listas ‘populares’ y la ruptura con el pasado ‘marianista’, la maniobra para colocar a Angulo aflora un choque de trenes tan inevitable como difícil de gestionar.

«No sumaba», se decía en las distancias cortas de una Marimar Angulo desplazada súbitamente de la presidencia provincial para apostar por una Yolanda de Gregorio llamada a conservar el tercer procurador. Un reto que pasaba de forma urgente por coser el partido, un objetivo cumplido parcialmente reteniendo al alcaldable de Molinos, artífice y agitador de la revuelta díscola, o sumando para la causa a la alcaldesa de Garray. Ambos y alguno más como el alcalde de Navaleno pidieron la cabeza de la anterior presidenta. La salida de Angulo fue el aval de su sucesora. Con esa condición han vuelto al redil y no entienden su inclusión en las listas. En su carrera, la exsubdelegada no ha contado con un apoyo sincero de los suyos que siempre han censurado, más en privado que en público como mandan los cánones de la política, sus gestos populistas y exagerados de cara al tendido. Víctima de sus propios excesos expresivos y expositivos y tratando de contentar a todos sin convencer a nadie, a De Gregorio también le ha penalizado su falta convicción por hacerse con la Alcaldía de Soria, misión casi imposible. Por ello puso la mirada en el Senado, situó, aunque elle lo niegue, a su amiga Cristina Pinillos en la lista a la Cámara Alta con ella misma de suplente en un plan diseñado para pisar lo menos posible suelo capitalino, donde se intuye una derrota histórica, y posicionarse en instancias más elevadas.

Quedan víctimas colaterales por el camino. Una de ellas es José Manuel Hernando, concejal de Soria, persona correcta, de los que afrontan con responsabilidad su cargo, de los que gustan de venir con la tarea hecha a los debates como sabrán los telespectadores de La8 Soria. El daño puede ser mayor pues el movimiento de Casado da alas a los rivales más próximos que estarán frotándose las manos, como la PPSO de José Antonio de Miguel, que tratará de sacar rédito de este episodio, o un Vox desnortado pero, a buen seguro, atento para sacar partido a la grieta que se reabre una y otra vez en filas ‘populares’

A De Gregorio le han echado el freno y su autoridad queda por los suelos. Mientras lo normal podría haber sido pedir la cuenta, aunque no se estile en política, en sus declaraciones a La 8 Soria deja claro que no parece dispuesta a hacer las maletas. Asume, la procesión va por dentro, la decisión del Comité Nacional. Sin ser política de profesión, ya ha aprendido que a veces hay que tragar saliva y contar hasta diez porque más temprano que tarde puede que el partido tenga para ella un lugar reservado en el Senado, a la derecha de Marimar Angulo. La reconquista de Soria, mientras, puede esperar.


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